26 de diciembre 2007 - 00:00

Murió Oscar Peterson, gran pianista de jazz

Uno de los mayores pianistas del jazz de todos los tiempos, Peterson siguió tocando pese a una hemiplejia que lo aquejaba desde 1993; así actuó en su última visita a Buenos Aires en 1998.
Uno de los mayores pianistas del jazz de todos los tiempos, Peterson siguió tocando pese a una hemiplejia que lo aquejaba desde 1993; así actuó en su última visita a Buenos Aires en 1998.
El músico canadiense Oscar Peterson, uno de los más grandes pianistas de jazz de todos los tiempos, murió el domingo a los 82 años, en su casa de las afueras de Toronto, por una insuficiencia renal.

En 1993, había sufrido un accidente cerebrovascular que derivó en una hemiplejia que lo atormentaría hasta el final. Pero se había prometido tocar hasta su muerte; y casi logra cumplirlo. Ya desmejorado, lo vimos en Buenos Aires por última vez, al frente de un cuarteto -junto al baterista Martin Drew, el contrabajista Niels- Henning Orsted Pedersen y el guitarrista Lorne Lofsky en un único concierto que hizo en el teatro Gran Rex en noviembre de 1998, treinta años después de su anterior visita a la Argentina. Por entonces, su mano izquierda había perdido buena parte de su movilidad y, en consecuencia, la vertiginosidad que había sido su marca registrada. Pero lo que jamás perdió fue el «swing», ni su habilidad para las baladas, ni su señorío sentado frente al piano, ni su apego al clasicismo, ni su amplitud dinámica -que lo llevaba de los «forti» más potentes a los «pianissimi» más delicados-, ni su elegancia, ni su sonido tan particular.

Aunque a lo largo de su vida tocó con las mayores figuras del jazz de los Estados Unidos -país que recorrió infinidad de veces-, nunca abandonó su impronta canadiense, para improvisar, para tocar el piano. Fue reconocido como una de los mayores músicos de la historia del género (aunque nunca sobresalió especialmente por su labor como compositor); y su nombre quedará inscripto para siempre junto a los de Louis Armstrong, Count Basie, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Nat King Cole o Miles Davis.

Le gustaban Art Tatum y Bud Powell, y muchos encontraron influencias recíprocas entre estos músicos. Su prestigio y su fama le hicieron ganar premios Grammy, recibir el doctorado Honoris Causa en distintas universidades de todo el mundo, y quedará retratado en dos films: «Música en la clave Oscar» y «Peterson, la vida de una leyenda».

Quería ser trompetista en su juventud por su gran admiración hacia Armstrong, pero terminó tocando el piano junto al músico norteamericano.

Nacido en Montreal el 15 de agosto de 1925, Oscar Emmanuel Peterson no supo de modas. Con una excelente formación pianística iniciada en su niñez, con un toque limpio que siempre lo asimiló a la música clásica, con un «swing» que sólo los elegidos pueden exhibir, con una interminable capacidad de improvisación, se mantuvo siempre algo alejado de las innovaciones en el jazz. Aunque respetó y admiró a los colegas que eligieron ese camino, no se interesó personalmente por el bebop. En cambio, y sin ser un conservador, su lenguaje permaneció a lo largo de su historia dentro de los carriles « clásicos». Y supo combinar un virtuosismo sorprendente en las escalas más enloquecidas con un maravilloso poder de síntesis y con la mayor austeridad de notas en las baladas (que quizá hayan sido su punto más relevante).

El gigante del jazz se crió en un barrio de clase obrera en Montreal y ganó un concurso para jóvenes talentos de la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) cuando tenía 14 años. Debutó en 1943, siendo el primer músico negro de una orquesta de bailes populares de la metrópoli quebequense. Su padre lo dejó perseguir sus ambiciones musicales con la promesa de que sería «el mejor». Su primer sencillo, «I Got Rhythm», salió a la venta cuando Peterson tenía 19 años.

Algunos de sus trabajos más destacados llegaron tras la creación del Oscar Peterson Trio en 1953. El trío creó clásicos como «At Zardis» (1955), «At the Straford Shakespearean Festival» (1956) y «At Concertgebouw» (1957).

La asociación Canadian Songwriters Hall of Fame, que se encarga de homenajear el legado de compositores destacados, anunció el mes pasado que concedería a Peterson la máxima distinción en 2008. Con el premio, la organización quiere rendir honores a la trayectoria de un «brillante pianista y compositor de jazz» que demostró «habilidad musical» y protagonizó «enérgicas interpretaciones».

Canadá le concedió el título de «Companion of the Order of Canada», la máxima distinción civil que concede el gobierno del país. Fue también el primer canadiense que vio, en vida, su rostro estampado en un sello postal.

R. S.

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