El ritmo es tan lento que durante los primeros 15 minutos casi no pasa nada, y de hecho el demonio alado con máscara de latex que los persigue recién aparece hacia la mitad de la proyección (todo un récord de lentitud en presentaciones de criaturas sobrenaturales).
El engendro irrompible es un actor con un traje de goma y un diseño de maquillaje luce realmente pobre. Cuando despliega sus alas, los efectos digitales dan pena. Y hasta los trucos gore, que podrían haber aportado un poco de colorido en las escenas de decapitaciones y desmembramientos varios, lucen tristes, grises, sin una pizca de creatividad o imaginación. Para completar, el elenco es de una mediocridad aplastante, no hay erotismo, no más de dos o tres chistes eficaces -sin siquiera humor involuntario-, y abundan los lugares comunes y las malas imitaciones de clásicos del género. Como plus, hasta incluye diálogos tipo
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