La laberíntica y fantasmal Venecia ha sido siempre el escenario ideal para albergar historias de misterio. Detrás de su belleza decadente, parece ocultarse un mórbido pacto con la muerte, que muchos escritores -desde Thomas Mann hasta Daphne Du Maurier-han logrado capturar contribuyendo a alimentar su halo de ciudad maldita.
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Venecia es también el lugar de residencia del comisario Brunetti, un investigador de crímenes con una fuerte vocación por la vida familiar. Este veneciano casi cincuentón está casado con la inteligente Paola que guía amorosamente su hogar y a sus dos hijos adolescentes. Brunetti, que ya ha protagonizado varias novelas de Donna Leon como: «Muerte en La Fenice» (1992) ; «Muerte en un país extraño» (1993) y «Muerte y Juicio» (1995). En «Vestido para la muerte» debe investigar el asesinato de un travesti cuya identidad (en principio oculta tras un rostro desfigurado por los golpes) termina revelando fuertes conexiones con una asociación defensora de la familia y los valores morales. Pronto descubrirá que tras la pomposa «Lega della moralità» se oculta un sórdido negocio inmobiliario que no se detiene ante el crimen.
El inspector recorre la ciudad de Venecia y la zona aledaña de Mestre en un verano tórrido y agobiante muy poco apto para postales turísticas. Siendo la autora una buena conocedora del lugar -ya que reside en las cercanías de Venecia desde el año '81- disfruta en describir las modalidades de la vida veneciana (su comida, sus diversos estratos sociales y las expresiones más típicas del habla popular).
Sin embargo, no despierta el mismo interés cuando se trata de narrar las peripecias de los protagonistas. Donna Leon respeta los lineamientos básicos del género pero lo hace rutinariamente. Su respeto por las convenciones, o mejor dicho, por las recetas ya probadas impide que la historia crezca en intriga y dinamismo. Brunetti no tiene una personalidad tan sólida y original como la del inspector Maigret ni su recorrido por Venecia alcanza (aunque lo intente) esa aguda mirada crítica con la que el español Manuel Vásquez Montalbán acompaña los recorridos barceloneses de Pepe Carvalho, su investigador-gourmet.
«Vestido para la muerte» ofrece una trama excesivamente lineal y el maniqueísmo con el que están dibujados sus personajes hace que sospechosos y culpables coincidan de inmediato sin deparar mayores sorpresas en los restantes capítulos.
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