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En ese sentido, los organizadores del festival esperan lograr este año una cifra record de espectadores, lo que sería posible por el agregado de dos nuevas salas (esto suma un total de doce), y el mantenimiento de una entrada de valor político: apenas dos pesos.
Por supuesto, con esa entrada, o incluso con una de precio común, ni aun con récord de público se podrían sacar mayores ganancias ya que, según estiman los especialistas, poner cada película extranjera en pantalla sale unos 5000 dólares entre flete, seguro, aduana, subtitulado y extras, y, por reglamento internacional, ningún festival puede pasar una película más de tres veces.
Lo que baja, en cambio, es la cantidad de curiosos que se mantienen parados durante largas horas al frente del Auditorium para ver pasar las estrellas, ya que prácticamente no hay ninguna, aunque se destaquen varios buenos intérpretes.
La nostalgia puede ser más cercana: el año pasado, el «Tren de las Estrellas» fue una continua sucesión de bocadillos y brindis, y desde la estación a los hoteles hubo todo un desfile de autos viejos tocando bocinas.
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