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12 de mayo 2006 - 00:00

Obra de María Simón vuelve al intimismo

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«Caja, 1963», de María Simón. Fundición de aluminio de la artista tucumana radicada en París.
En 2005 María Simón, destacada escultora nacida en Tucumán, realizó una importante retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes. Actualmente puede verse en Galería Vermeer (Suipacha 1168) la muestra de carácter más intimista de una artista que se instaló en París después de haber obtenido el Premio Georges Braque en 1966. Durante tres décadas frecuentó el mundo del arte internacional, participó en la Bienal de Venecia, en la Bienal de Grabado de Tokio y entre otros premios le fue otorgado el Premio Internacional de Escultura en la XIII Bienal de San Pablo (1975). Desde 1992 vive y trabaja en Buenos Aires.

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Se recuerda la buena impresión de su muestra en Galería Rubbers, cuando en 1976 presentó sus cajas de cartón corrugado, pasadas al bronce, al hierro, al aluminio y en resina. Material de desecho, resignificado, palabra que en ese entonces no estaba en boga en el lenguaje plástico. Simón las presentaba de distintas maneras, cerradas, abiertas o según quedaran, siguiendo el gesto casi violento después de ser despojadas de su contenido.

Hizo uso de gran libertad en lo que ella considera «sólo formas en el espacio y nada más» pero el contemplador tiene también la libertad de encontrarle similitudes con el vuelo de un pájaro o la posibilidad de armarlas y desarmarlas imaginariamente, formas abiertas a la interpretación.

Su obra no posee aquello que Herbert Read, estudioso de la escultura moderna, sugería: «idealmente a cada individuo debería dársele una pieza escultórica para acariciarla, abrazarla, verbos que indican un deseo de tratar un objeto con sensibilidad plástica», pero sí poseen una rítmica articulación de planos y una unidad de concepto. Clausura el 26 de mayo.

  • Académicos

  • Entre los diversos homenajes que se llevan a cabo con motivo de los 70 años de la creación de la Academia Nacional de Bellas Artes, la Universidad Católica Argentina ha cedido el Pabellón de las Bellas Artes (Alicia M. De Justo 1300) para una muestra que reúne a los artistas académicos de número. Bajo la curaduría de Osvaldo Svanascini, también uno de sus miembros, se exhiben, en general, obras recientes elegidas por ellos mismos.

    «Caja, 1963», de María Simón. Fundición de aluminio de la artista tucumana radicada en París. Este panorama diverso, personal, independiente, de artistas que constituyen una élite dentro de nuestras artes plásticas, revela el acto de creación como propio de la vida, lo que la posibilita y la estimula. Viene al caso seguir con parte del pensamiento nietzcheano en cuanto a que «es el arte el que produce las apariencias, mentiras, ilusiones, que son la condición de la vida, su posibilidad». Estos artistas de los que en su mayoría nos hemos ocupado con motivo de exposiciones individuales o colectivas a lo largo de casi 20 años convocan a reflexionar sobre su desarrollo personal, su inclaudicable fe en el hacer, la pluralidad de imágenes y lenguajes que los identifica.

    Esta celebración los muestra fieles a sí mismos, lo que no quiere decir detenidos en el tiempo, con mucho todavía por expresar plásticamente, ninguno ha cedido a la tentación globalizadora, a las muchas veces humillantes leyes del mercado, y sobre todo a lo que está de moda. Alda Armagni, Luis Barragán, Ary Brizzi, Carlos de la Mota, Juan Melé, Ana María Moncalvo, Miguel Ocampo, Leopoldo Presas, Alejandro Puente, Josefina Robirosa, Guillermo Roux, Aldo Sessa, Osvaldo Svanascini, Clorindo Testa han encontrado la felicidad en la creación, es lo que transmiten sus obras para regocijo del que se detiene a mirarlas. Clausura el 21 de mayo.

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