12 de agosto 2003 - 00:00

Oresanz cambia el concepto clásico de la instalación

En el Museo Nacional de Bellas Artes, Marie Orensanz presenta la video instalación «Esperando una nueva primavera», en la que integra dos líneas constantes en su trabajo por más de tres décadas: el fragmentismo y el diálogo entre pensamiento y objeto.

La instalación presenta, junto al proyector de datos, objetos antiguos: taladros que cuelgan del techo. En una gran pantalla aparece un fondo azul donde se reflejan las sombras de estas agujereadoras manuales en movimiento. Una de ellas lleva la inscripción «Vaciado». La instalación es una obra única, que se genera a partir de un concepto y una narrativa visual, creada por el artista en un espacio concreto, en el que establece una interacción entre elementos especialmente escogidos y un espacio considerado como obra.

El texto fragmentado sobre la pared, el taladro (vieja herramienta manual), la proyección de un CD (tecnología), la pintura de hace tres décadas y la canción (sarcasmo musical), son fragmentos polisémicos en los que se fusionan el tiempo pasado y el presente. Como toda instalación requiere también la participación del espectador, pero no para vivir episodios sino para descifrar mensajes, para rescatar ideas. Al observar la obra desde distintos ángulos, la percepción se convierte en proceso. Y, al adueñarse de esta dimensión adicional, la instalación refuerza el valor de la experiencia directa, inmediata, algo que ninguna reproducción fotográfica y aun televisiva puede sustituir, según ocurre con las pinturas o las esculturas.

La relación entre obra y espacio se transforma y los objetos se recodifican, estableciendo verdaderas alegorías tridimensionales. Al tratarse de una video instalación, se introduce la dimensión temporal y se desarticulan las versiones de la realidad, remplazándolas por otras no convencionales. Pero además, la imagen en movimiento facilita a la artista una nueva operatoria expresiva. Esperando una nueva primavera se acompaña por sonidos: una canción interpretada por voces femeninas, cuyo contenido contrasta con lo que muestran las imágenes. «El campo es verde... el cielo es azul... todos los niños juegan... el mundo es feliz... La vida moderna... no hay nada mejor... cantamos... reímos... y todo es confort».

En la sala cuelga una obra de 1973, pintada en acrílico, cuyo título es similar al de la video instalación del 2003. Es una forma de representar el mismo pensamiento de modos diferentes y de hacer coincidir dos tipos de expresiones en un mismo concepto.

Ornesanz
continúa trabajando en torno al fragmentismo. A mediados de los años 70, cuando se fue a Milán y después a Carrara, comenzó a utilizar fragmentos de mármoles con distintas simbologías (talladas) siguiendo la dialéctica del ir y venir, entre pensamiento y objeto. Eran ideas, conceptos, que apoyaban su discurso visual; pedazos de mármol de Carrara, que proponían un diálogo abierto con el espectador, que reconstruíaasí, el mensaje-fragmento con su propio pensamiento.

Orensanz
nació en Mar del Plata en 1936 y residió en Milán entre 1972-75. Desde entonces vive en París. Estudió en los talleres de Emilio Pettoruti (1955-60) y Antonio Seguí (1960-1962). Sobre estas figuras ha dicho que «Pettoruti era sumamente callado. Miraba y miraba, y cada tanto hacía alguna observación. Sin embargo, aprendí mucho en su taller. (...) Seguí te ayudaba a sacar lo que tenías adentro, pero nunca se entrometía en tus imágenes. Eso es un buen maestro.»

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