14 de septiembre 2007 - 00:00

Orwell para adolescentes

«Filmatrón» (id., Argentina, 2007, habl. en esp.). Dir.: P. Parés. Guión: D. Azulay, L. Casabe, W. Cornás, P. Parés. Int.: L. Azcurra, W. Cornás, R. Chiesa, P. Soria, L. Goncalves, N. Loret, B. Muñiz, C. Setton.

Los de Farsa Producciones son verdaderos independientes, que hacen lo suyo sin medrar con subsidios estatales. Ellos simplemente -y realmente- aman el cine, lo conocen, y lo saben hacer. Parece que no lo saben negociar, de modo que su nueva película apenas se da en unos trasnoches del Malba, y el próximo viernes en la Biblioteca Nacional, donde cerrará un ciclo de cine fantástico argentino.

«Filmatrón» constituye un estreno, digamos, prestigioso, pero muy poco comercial, lo que llama la atención, teniendo en cuenta que en el último Bafici se ganó nada menos que el premio del público, y que su asunto puede ser de interés general.

Se trata, aunque parezca mentira, de una versión libre del «1984» de George

Orwell, especialmente hecha para públicos adolescentes, según ellos mismos lo anuncian. Queda claro: los autores de «Plaga Zombie» y «Plaga Zombie: Zona Mutante» han hecho una versión Farsa para público adolescente. Sin zombies, claro. Pero no se trata de una parodia, sino de un declarado film de acción, fiel al mensaje de la novela, ya que no a su estilo ni a sus peripecias. En «Filmatrón» se mantiene el alerta contra una sociedad vigilada y condicionada desde los medios de difusión que maneja el gobierno, «disuadiendo» opiniones y creaciones ajenas a las que el mismo gobierno dispone. Ningún gobernado puede hacer ni una cinta casera con algo de fantasía, y mucho menos, fantasía propia. Eso está censurado, y los contraventores son directamente perseguidos y eliminados junto con sus obras. Por supuesto, hay rebeldes.

A partir de ahí, la obra toma su propio rumbo, pero siempre siguiendo un argumento ingenioso, de trasfondo inteligente, que además está contado con buen ritmo, a veces medio frenético, con una ambientación y unos efectos especiales debidamente logrados, personajes simpáticos, incluyendo al sádico (en el fondo acomplejado) jefe de la represión, y unas cuantas escenas de acción, tanto cómicas como dramáticas, con peleas de artes marciales y cosas parecidas muy bien resueltas, aunque quizá más extensas de lo conveniente.

Todo esto, hecho con cuatro pesos, trabajando los fines de semana a lo largo de dos años, y con una sola figura profesional, la actriz Laura Azcurra, que juega su papel y luce su figura como si hubiera nacido para ese género. En suma, un buen entretenimiento, con atendible sustancia y cantidad de adrenalina, que permite acercarse a Orwell de un modo novedoso. Igual, no parece conveniente mostrarla en las escuelas secundarias, al menos en atención al mobiliario escolar.

Una consideración aparte. Con el mismo «target» (y aunque tuviera menos ingenio), cualquier bofe norteamericano ya hubiera sido proclamado como gran novedad del cine «indie» y estrenado con varias copias, o impuesto en televisión, aunque se burle de ella. Pero Farsa no tiene sus estudios en la Costa Oeste de los EEUU, sino en la Zona Oeste del Gran Buenos Aires. Por ahí quizá va el problema.

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