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15 de marzo 2007 - 00:00

"París, je t'aime"

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Steve Buscemi protagoniza el divertido episodio de las Tullerías, rodado en el metro por los hermanos Coen.
«Paris, je t'aime» (id., Francia; 2006, habl. en francés e inglés). Dir.: O. Assayas, I. Coixet, G. Depardieu, J. Coen, A. Payne y otros. Int.: S. Castellito, M. Richardson, C. Sandina Moreno y otros.

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En la lejana galaxia de los 60, mucho antes de los reality shows y de las sitcom de los canales de cable, el público gozaba en el cine con las películas en episodios, formato en el que los italianos fueron los reyes aunque prácticamente todas los países lo cultivaron, incluyendo la Argentina. Con los años, las modernas formas de ver cine aconsejaron a los productores que se lo fuera dejando de lado.

«Paris, je t'aime» recupera la modalidad del film à sketches -lo que representa un desafío desde el punto de vista del mercado- aunque lo hace a la manera contemporánea, es decir, «minimalista» (asemejándose en consecuencia no a «Los monstruos» sino a la reciente «11-9-01», la película colectiva sobre el atentado a las Torres Gemelas).

En este caso, la consigna de la producción fue que 18 directores internacionales, muy distintos entre sí, rodaran un corto sobre cada uno de los barrios («arrondisements») de París, con total libertad creativa pero ateniéndose a un único tema, el amor. Y, aunque en el conjunto hay más de un cineasta francés, se buscó sobre todo la mirada extranjera, aquella para la que es inevitable -aun por la negación- hacerse cargo de la mística parisiense.

El resultado no podía dejar de ser azaroso: ni los mismos gestores de la idea sabían con qué se iban a encontrar al ensamblar todas las historias, todos los estilos, pero tuvieron suerte.

Muy placentera en su conjunto (e inevitable para los amantes de París), la película, como cualquier film colectivo, tiene sus lunares, pero son varios los episodios que justifican plenamente su visión, en especial tres (dicho esto con la arbitrariedad de cualquier mirada personal).

«Bastilla», la paradoja amorosa filmada por la notable catalana Isabel Coixet (que protagonizan Sergio Castellito y Miranda Richardson), es uno de los más lúcidos. Se ocupa de un hombre que piensa plantearle el divorcio a su esposa en el mismo momento en que se enterade que ella tiene una enfermedad terminal. En apenas cinco minutos, y con un aire falsamente paródico, Coixet expone un drama que daría lugar a todo un largometraje.

«Tullerías», de los hermanos Coen con un estupendo Steve Buscemi (que no dice una palabra), se cuenta entre los más agudos. Rodado íntegramente en una estación de metro, el actor interpreta a un típico y atolondrado turista norteamericano, que sirve de pararrayos a una pareja que discute en el andén contrario. Y «14° arrondisement», de Alexander Payne («Entre copas»), tal vez sea el mejor. Lleva como protagonista a una solitaria mujer madura de Denver que viaja a París, y que en su mal francés confunde todo: en ese desvarío se emociona en el cementerio de Père Lachaise ante la tumba de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, a quien (por error de pronunciación) confunde con Simón Bolívar, acaso el más delirante chiste surrealista escuchado nunca en un film: «Sartre y Bolívar se quisieron tanto que hoy descansan juntos en paz».

Y, a su manera, es emotivo el correspondiente al «Barrio latino», que lleva la firma de Gérard Depardieu como realizador y que protagonizan los dos actores fundamentales del cine de John Cassavetes (a quien se rinde homenaje en este episodio): Gena Rowlands y Ben Gazzara, un matrimonio que lleva años de divorcio pero que se reúne siempre en un bar de ese barrio.

También, fuerza de los tiempos, hay un corto con vampiros y otro con mimos. Hasta París tiene barrios poco aconsejables.

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