Como en obras anteriores, Daniel Veronese sigue indagando
en las relaciones humanas a través de un asfixiante vínculo
madre-hija; su lenguaje es audaz y requiere una escucha
atenta.
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La madre se atribuye como propias todas las experiencias vividas por su hija y ésta se ocupa de repetir diálogos y comentarios ya enunciados por su progenitora. Entre las dos han construído una relación especular que distorsiona la realidad y bloquea todo intento de revisar el pasado.
Cuesta no perderse en la asfixiante tela de araña que urde su protagonista, la verborrágica