El director Jaime Rosales (izq.) y el protagonista de «Tiro en
la cabeza», Ion Arretxe, sobre el asesinato de etarras a tres
policías. Parte del público vasco la abucheó.
San Sebastián - Unos cuantos tiros hubo ayer en las pantallas donostiarras, desde el anunciado «Tiro en la cabeza», de Jaime Rosales, que se esperaba más polémico, y los consabidos del ciclo de cine policial japonés, plagado de yakuzas, hasta los de una comedia negra de excusa social, «Louise-Michel», donde las obreras juntan la plata de sus indemnizaciones para pagarle a un killer el asesinato del ex patrón.
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Como era de prever, la mitad del público aplaudió la nueva de Rosales, y la otra mitad (de los que se quedaron en la sala) la chifló. Curiosamente, lo que unos llaman valentía, por aludir a criminales etarras, otros llaman trivialidad, ya que el autor no profundiza en personajes ni razones. Aun más, casi todo el tiempo los mira de lejos, con teleobjetivos, sin que sepamos lo que dicen. Aun así, es evidente lo que hacen, y la intención del autor, de hacernos presenciar hechos absurdos, negativos, para más inspirados en asesinatos que ocurrieron en diciembre último, cuando unos etarras se cruzaron con tres policías que estaban de franco y los mataron, como hacen entre nosotros ciertos delincuentes cuando se cruzan de casualidad con un policía en su día de descanso.
No hay en esto explicación política ni estratégica alguna, solo nihilismo y resentimiento social. «Y sin embargo, un terroristaes, en otros momentosde su vida, una persona normal como cualquiera», ha dicho el director. Precisamente, «Chicos normales» se titula un documental español visto también ayer, con entrevistas a los vecinos del barrio marginal de Tetuán donde nacieron y se criaron unos cuantos terroristas del 11-M, ya condenados ( también ya condenaron a los mencionados paso). etarras, dicho sea de Menos polémica, la otra película en competencia, «Louise-Michel», es un grotesco de humor negro que cuenta lo que ocurre cuando unas obreras se encuentran con su pequeña fábrica desmantelada sin previo aviso, sin dueño a la vista, y apenas con unas míseras indemnizaciones. Una de ellas saldrá con el killer a tomar venganza. Pero, como la patronal se diluye entre diversas firmas, matarán a más de uno, que nunca será el correcto.
Tampoco es políticamente correcta la comedia, que hasta incluye un ingeniero loco, obsesionado en reproducir con maquetas el atentado del 11-S, bromas con una chica moribunda de cáncer, etc. Buenos el comienzo y el colofón después de los títulos, desparejo el resto.
«Estamos justo entre el cine social de los hermanos Dardenne, y la pintura de perdedores de los hermanos Coen», se presentan los responsables, Benoit Delepine y Gustave Kervern (los mismos de «Aaltra», que se estrena mañana en la Argentina, y de «Avida», donde Fernando Arrabal toreaba un rinoceronte). Podría decirse también que están cerca de Capusotto, porque tienen un programa televisivo bastante loco, y fueron a la conferencia de prensa con una pata de jamón, que regalaban y quitaban a sucesivos periodistas, según la pregunta que éstos les hicieran. «¿Son sabios o iluminados?», preguntó uno que casi se gana el jamón. «Somos extraviados», respondieron, anunciando de paso su credo anarquista, la quiebra de su empresa No Money Productions, y el epitafio que ya tiene previsto uno de ellos para su tumba: «Murió antes de palmarla». También hablaron de la verdadera Louise-Michel, famosa educadora y escritora anarco-feminista, que lideró un batallón de mujeres durante la Comuna, estuvo presa y desterrada largos años, y sobrevivió muchos más con una bala en la cabeza. Nada que ver con el personaje de la película, una bruta al cuadrado muy bien interpretada por Yolande Moreau, la portera de «Amelie».
Otros hechos interesantes de la jornada: en el Parque Empresarial Zuatzu el intendente de San Sebastián Odón Elorza puso la piedra fundamental de lo que será el Polo de Innovación Audiovisual, viejo sueño de los locales, el premio Donostia a la película española que mejor muestre su tierra fue para una de amigos al final de la adolescencia, «Pradolongo», filmada en Valdeorras y hablada en gallegode Valdeorras, que al parecer-solo se habla en Valdeorras, por lo que hubo que dar cursos actorales a los chicos del lugar, para elegir luego a los protagonistas, y se presentaron dos libros.
Uno, «Japón en negro», de Roberto Cueto, fue apadrinado por cuatro directores de policiales japoneses: Masato Harada, que integra el jurado oficial, Rokuro Mochizuki, Kaizo Hayashi, y Kiyoshi Kurosawa, que ayer también mostró un drama de destrucción y recomposición familiar, «Tokio Sonata». El otro libro, «El marica, la bruja y el armario (homofobia femenina y misoginia gay en el cine español)», de Eduardo Nabal, según dicen ya despertó más discusiones que «Tiro en la cabeza».
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