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5 de mayo 2008 - 00:00

Potente inicio de la nueva temporada local de subastas

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Obra de la serie «Soles» de Emilio Pettoruti que se vendió en una de las primeras subastas del año por 303.000 dólares, una muy alta cifra para el mercado porteño.
Comenzó la temporada de subastas con muy buena demanda y un notorio mayor interés por las obras de alto precio que por aquellas de calidad intermedia.

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Arroyo realizó dos subastas; Roldán, una muy exitosa de arte contemporáneo, y Martín Saráchaga hizo ventas importantísimas, tanto de pintura argentina como de mobiliario francés. Un bodegón pequeño de Cándido López, creado luego de que perdiera uno de sus brazos, fue comprado en 47.000 dólares por el más importante hotelero del país. La obra, como algunas otras del autor, está firmada «Zepol» (López al revés) y nos recuerda las que realizaba su colega Epaminondas Chiama en la misma época.

Esta semana comienza otra gran venta en Saráchaga con algunas obras de la colección del ex embajador Carlos Muñiz que falleció el año pasado. Los números finales de estas ventas seguramente superarán el millón de dólares, volumen poco habitual para los remates en Buenos Aires, más en el comienzo de la temporada y con un ambiente económico, político y social que no es el ideal.

La gran obra que se presentaba en el remate era una estupenda composición de Emilio Pettoruti, de 60x81 cm., realizada en 1943, que perteneció al coleccionista Alejandro Shaw, propietario del banco que llevaba su nombre. Se trata de una obra de su famosa serie de «Soles». Fue intensamente pujada, superando ampliamente su estimación al venderse en 303.000 dólares; gran suma para el mercado porteño.

También se vendieron muy bien obras geométricas del maestro Ary Brizzi y de Miguel Angel Vidal, que no suelen aparecer en subastas. Más de 11.000 dólares se pagaron por un pequeño (65x50cm) Kasuya Sakai, artista de origenjaponés que viviera en la década del 60 en Buenos Aires y que luego se radicara en México. Por una obra figurativa de Juan del Prete se pagaron 16.000 dólares. Un boceto para un mural en Barcelona, también figurativo, del uruguayo Joaquín Torres García se vendió en 20.000 dólares. Un pequeñísimo Xul Solar (21x26cm.), que había sido comprado hace 18 años en un remate de Nueva York en la suma de 28.600 dólares por el citado Shaw, se vendió ahora en 73.000 dólares. No ha sido una buena inversión, ya que el precio de compra en su momento fue demasiado alto.

De Raúl Russo -quien ha sido uno de los mayores coloristas de nuestra historia, con su desorden ordenado, vibrantes colores y un característico azul ultramar-, una obra de gran tamaño (128x100 cm.), de la década del 70, alcanzó los 76.000 dólares. Este es su segundo precio de venta en subastas, ya que hace años una de sus obras se vendió en 160.000 dólares. Un paisaje postimpresionista de KoekKoek logró el buen precio de 15.000 dólares.

Es muy raro que aparezcan obras de Molina Campos en el mercado, por lo que son ardorosamente pujadas cuando se ofrecen. Un paisaje suyo, sin gauchos ni caballos, superó los 25.000 dólares. Obras pequeñas del gran surrealista que fue Batlle Planas superaron en mucho sus bases, mientras un típico paisaje de Río Ceballos del cordobés Malanca superó los 10.000 dólares.

Los comerciantes europeos arrasaron con los muebles de estilo Luis XV, realizados por Francois Linke hace un siglo aproximadamente. Una vitrina de 190x120 cm. se pagó la fabulosa suma para nuestro mercado de 180.000 dólares. También las cómodas alcanzaron los 40.000 dólares y las mesas, cerca de 33.000. Se invirtieron cerca de 400.000 dólares en ocho muebles que tendrán como destino el exterior.

La platería es castigada con el impuesto suntuario de 25%, y no suelen aparecer grandes exponentes. Un juego de té de siete piezas se vendió en casi 40.000 dólares. Es muy clara la tendencia de los compradores: sólo quieren obras importantes y, más que preocuparse por el precio, buscan comprar calidad. Con una inflación de 25%, con los bonos que valen una quinta parte de su valor nominal, con tasas de 9%, el arte siempre es un buen refugio para el capital y, además, tiene el valor del uso y del disfrute.

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