15 de febrero 2001 - 00:00

"Quise enfrentar a un poeta con un mafioso"

Jorge Accame.
Jorge Accame.
Ya ni lo sorprende al porteño Jorge Accame (Bs.As. 1956), que, habiendo elegido vivir en San Salvador como escritor y profesor de la facultad, se haya convertido en un dramaturgo internacional gracias a su obra «Venecia», que se sigue estrenando en los más diversos países. Pero no se identifica como un hombre de teatro, sino como escritor en un amplio sentido. Busca confirmarlo con sus novelas, que tienen una trama atractiva junto a una buscada intención experimental, dentro de un proyecto, por lo pronto, curioso. Acaba de publicar su nueva novela, «Segovia o de la poesía», y dialogamos con él.

Periodista: ¿Por dónde anda su exitosa obra teatral «Venecia»?

Jorge Accame:
Acaba de estrenarse en la ciudad de México y en unos días se verá en Nueva Jersey, para de allí pasar a Nueva York, a Broadway, y en los primeros días de marzo, se estrena en Montreal.

P.: ¿Hasta ahora dónde se vió?


J.A.:
En Montevideo, Santiago de Chile, Londres, Bogotá y en la Argentina, en muchos lados.

P.: ¿Le sigue sorprendiendo que le avisen que «Venecia» se va a poner en escena en ciudades para usted insospechadas?


J.A.:
Aunque suene a paradoja, ya estoy acostumbrado a las sorpresas. «Venecia» ha demostrado ser totalmente impre-visible. Mi idea no fue escribir desde el comienzo una obra internacional, si eso fuera posible. Por lo contrario, llegué a eso desde algo muy local. Aparentemente, ha confirmado aquella frase de Tolstoi: «pinta tu aldea y pintarás el mundo», y serás universal. «Venecia» la escribí como tantas obras antes, que nunca salieron de Jujuy, se estrenaron allí y sólo fueron a festivales o a fiestas nacionales cuando tenían la suerte de ser elegidas. Con «Venecia» no ocurrió nada de eso, empezó afuera, lo que para mí era afuera, en el interior y Buenos Aires, y siguió cada vez más afuera, más lejos. No alcanzó a hacer el camino inverso, porque hasta ahora nunca llegó a Jujuy.

P.: ¿Cómo se maneja con la envidia del resto de los dramaturgos que ven que alguien desde Jujuy entra en el circuito internacional?


J.A.:
Creo que esa envidia no existe, pero si es que la hay yo, ni me entero. Estoy muy aislado allá en el Norte y hago lo mío. Hace 20 años que elegí vivir en las tierras de Héctor Tizón. No tengo nada que ver con las estéticas abstrusas o con las de carácter porteño, que tienen una atmósfera muy particular. Más que envidia, sobre todo en el interior del país, me he sentido querido, han valorado mucho «Venecia». Creo que en el corazón sienten que es una obra nacida en provincias.

P.: Viendo sus brevísimas novelas y que además escriba teatro, parece seguirle los pasos en la forma, no en lo que cuenta, a la exitosa Yasmina Reza.


J.A.:
Uno no puede hacer sino sus propios pasos, y el escribir en forma breve, con una fuerte inclinación a los diálogos, es la época. Yo a Yasmina la siento pisando más fuerte en el teatro, pareciera que las novelas son una imposición posterior a su éxito como dramaturga mundial. Yo no me considero un hombre de teatro, por más que haya escrito obras; siempre abordo mis trabajos desde la palabra mezclando todos los géneros, poesía, cuento, novela, teatro.

P.: Usted sostiene esto, pero su nueva novela, «Segovia o de la poesía», parece una obra de teatro...


J.A.:
Eso tiene que ver con un plan inicial: escribir un ciclo de novelas «molestando» el género novela. Un proyecto que comenzó en 1999 con el libro «Cuatro poetas», una antología de cuatro autores falsos: Marcelo Atanassi, Juan Cízico, Evaristo Soler y Gabriela Sánchez, con una presentación o prólogo mío.

P.: ¿Ya en ese momento proyectó las novelas que tendría que desarrollar para contar de esos escritores falsos?


J.A.: No, sólo busqué extraer un tipo de personalidad bien diferenciada de cuatro grupos de poemas que había encontrado buscando en los cajones. Eran poemas míos de diversas épocas a los que les fui encontrando distintas cohesiones y que parecían escritos por personas muy diferentes, al punto que les pude ir definiendo una biografía.

P.: ¿Fue retomar la idea del poeta portugués Fernando Pessoa y sus heterónimos, esos falsos poetas, cada uno con su identidad propia, que le permitieron escribir una obra poderosa, que ya ha tenido como seguidores a Antonio Tabucchi y José Saramago?


J.A.:
Al principio pensé que podían ser heterónimos, que luego de esa antología podía comenzar a escribir la obra de cada uno de ellos. No vi la necesidad y me desalenté enseguida. No tenía un impulso suficiente como para hacerle una obra a cada uno de ellos.

P.: Además tenía que enfrentarse a uno de los mayores poetas del siglo XX...


J.A.:
Si uno tiene una necesidad narrativa, eso puede ser secundario. No porque un escritor ha hecho algo, uno debe impedírselo. El tema es que no me parecía atractivo. Me pareció interesante, a la vez, que esos falsos autores se pudieran tomar no como heterónimos, no ser yo otros, sino que esos otros fueran personajes, y quise verlos un poco más de cerca y se me ocurrió contar historias de cada uno de esos cuatro poetas. La primera fue «Concierto de jazz», ahora «Segovia o de la poesía» y le seguirá la de los dos poetas restantes.

P.: ¿En algún momento piensa reunir esos cinco libros en una sola obra?


J.A.:
Por el momento a mí me importa que mantengan su independencia. Me parece que así entre ellas dialogan mejor. Tal vez, luego de que hayan hecho su camino individual, podría pensar en juntarlas.

P.: ¿Qué cuenta en «Segovia...»?


J.A.:
Refiere un largo diálogo entre el personaje Jorge Ac-came y el poeta falso Juan Cízico, donde éste le cuenta sobre una noche en la que el mafioso Fernando Segovia lo visitó para reclamarle información sobre su amante, que lo había abandonado por un conocido de Cízico. En esa charla, se produce un intercambio donde el mafioso aprende de poesía, porque lo quiere o lo necesita, y el poeta de violencia, porque quiere y porque está dentro de sus capacidades. La novela trata de ese intercambio posible entre un poeta y un mafioso. En estas obras busco poner un poco en crisis el carácter de la novela, en «Concierto de jazz», el personaje cuenta desde un estilo lírico, en cambio en «Segovia...» tiene carácter dramático, teatral.

P.: ¿Por qué llamó a su libro «Segovia o de la poesía»?


J.A.:
Creo que alude claramente a los diálogos de Platón para mostrar un mundo de las ideas que no se puede conocer sino es a través de versiones. Eso me permite cuestionar el criterio de ficción y realidad en la novela, el que no se pueda ir al fondo de la verdad, sino recurrir a versiones, y, a la vez, dar una metáfora de mi plan de toda la serie de novelas, en la medida en que todas cuentan lo mismo, pero desde distintas perspectivas. Todas esas versiones, todas esas novelas mienten, pero es la única forma de acercarse a la verdad. Ninguna novela es la versión completa, ninguna ofrece la verdad total, ninguna cierra la historia para explicarla como en un policial del principio al fin, todas son partes. Y todas confluyen en Jorge Accame, en el personaje Jorge Accame.

P.: Tal como lo cuenta, cualquiera puede pensar que se trata de un ensayo o un libro de filosofía, pero usted trata de poesía, amor y violencia...


J.A.: Si Segovia habla de poesía es porque lo impulsa un gran amor. Pensemos que se trata de un mafioso que va a buscar a un poeta porque es el amigo del tipo que se fue con su novia. Y ahí se va de boca, habla más de la cuenta, porque está frente a un poeta. Hay una paradoja, al descubrir cómo es la poesía la que revela los enigmas del amor; el mafioso, sin saberlo, concluye enamorado de la poesía de su antagonista, del tipo que se escapó con su amante.

P.: ¿Qué escribe ahora?

J.A.: La tercera parte de esta serie, «Sinestecia», la novela del poeta Evaristo Soler. Ese personaje tiene el problema de que, como en los bebés cuando nacen que no logran diferenciar sus sensaciones, en él confluyen caóticamente todos los sentidos, se le mezclan en sus impresiones y así vive la realidad. Y en teatro acabo de terminar una obra, que estoy ajustando, que tiene por ahora un título de trabajo, que cada vez se afianza más, «Hermanos».

Dejá tu comentario

Te puede interesar