Rebelión en el Mamba: ahora artistas no quieren donar obra

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El día de la primavera, un centenar de artistas que participan de la muestra «Últimas tendencias II», firmaron una carta dirigida a la directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Laura Buccellato, donde le anuncian: «Hemos tomado la decisión de no efectivizar las donaciones que estaban en suspenso».

La carta es breve, pero la historia tiene larga data. «Este sistema de adquisiciones por donación de obras en forma masiva fue implementado durante la crisis de 2001 y, más de 10 años después, dentro del marco de un nuevo contexto social y político nacional, intenta repetirse sin ningún cuestionamiento ni modificación», objetan los artistas.

En junio, poco antes de que el MAMBA inaugurara «Últimas tendencias II», cuando arreciaban las presiones para forzar la generosidad, surgió la agrupación AO, Artistas Organizados. Casi de inmediato AO reunió más de 700 adherentes. Pero recién hoy, sus integrantes denuncian: «Se intentó canjear donación por legitimación». Para aclarar los términos de esta acusación, basta comprobar que los museos son los principales centros de consagración y legitimación del valor de las obras, del valor estético y el económico también. Funciones que todas las instituciones deben cumplir, sin abusar de este privilegio, desde luego. La carta añade: «Señalamos que el título de la muestra funcionaba como una trampa extorsiva, para infundir presión en los artistas, y que todos aquellos que se negaron a donar por malestar y descontento fueron excluidos de la misma. Este tipo de proceder desvaloriza el trabajo de todos. Repudiamos el maltrato que esto implica». Dos cuestiones del orden moral se deducen del texto: la primera, que el repudio demorara más tiempo de lo esperado; luego, que los artistas padezcan un inexplicable «maltrato».

Si bien las primeras manifestaciones de disconformidad se escucharon en mayo, durante la Feria arteBA, las voces de los artistas sonaban débiles. Así, con la velocidad y habilidad de políticos entrenados en la lucha, el contraataque institucional llegó con poder y se calificó como obra de arte la protesta. Ante esta burla desacreditadora, surgieron operadores culturales que -interesada o desinteresadamente-, intentaron ayudar a los artistas a expresarse, ya que, en efecto, sus términos resultaban demasiado sutiles. Sobre todo para enfrentar a lúcidos estrategas que permanecen en la sombra. Entonces: ¿por qué recién hoy los artistas se pronuncian? ¿Por qué evitaban enunciar con claridad su reclamo?

Una de las respuestas, la más simple, era la dificultad para ponerse de acuerdo; la otra, se publicó en estas páginas. Magdalena Jitrik, artista que se negó a donar su obra, explicó los sentimientos contradictorios que generaba ser donante y acusador a la vez: «El tema monetario da lo mismo. Fuimos señalados por un dedo mágico que nos situó en el podio soñado y acariciado, por eso el que participa de la muestra no puede atacar a fondo esta cuestión». Así, quienes aceptaron participar (y donar, condición sine qua non), lo hicieron para no quedar excluidos de la legitimación máxima que otorga el sistema, aceptaron una negociación que ahora, definitivamente, rechazan.

Los artistas renuncian a esa cuestionable «consagración» en aras de la libertad. Acaso cuando los consulten sobre las obras que les destruyeron en el MAMBA se atrevan a hablar. Sólo unos pocos (Amalia Pica, Beto de Volder, Eduardo Basualdo, Esteban Álvarez, Jorge Miño, Mariela Scafati, Maximo Pedraza, Vicente Grondona y Jitrik) habían resistido la tentación y rechazaron la oferta. Y tan sólo dos obras, las de Fernanda Laguna y Pablo Accinelli, fueron donadas por terceros, modalidad aceptada en todos los museos del mundo, donde son los galeristas, empresas, coleccionistas y asociaciones de amigos, quienes incrementan las colecciones. Los ejemplos más cercanos son los del Malba, que acaba de comprar una obra de Spilimbergo por 1,7 millón de pesos, y el Museo de Bellas Artes, que en estos días exhibe la colección donada por el Rabobank, una entidad financiera.

En el mencionado cambio de actitud de AO, influyó el episodio tragicómico del mes pasado con intervención policial. Los artistas habían programado una mesa de debate en el escenario de la polémica, la sala donde están sus obras, y así enfrentaron la lógica que rige el MAMBA. Pidieron autorización a Buccellato para llegar al Museo con parlantes -autorización que nunca fue negada pero tampoco elevada-, y cursaron invitaciones. Quien puso la cara y mandó a todos a sus casas fue el director de los Museos porteños, Pedro Aparicio, que llegó en bicicleta, poco antes de que la policía ordenara a los artistas e invitados abandonar la sala.

Estas medidas disuasivas, antes que disciplinarlos, activaron a los «Organizados», y sus voces resuenan por todas partes con un contundente mensaje: «Últimas Tendencias II pretende ser una muestra que da cuenta de lo más destacado de la producción artística de los últimos 10 años. AO manifiesta su disconformidad con que se genere historia a partir de una muestra que, finalmente, deprecia conceptualmente el gran aporte de los artistas en estos años, proponiéndoles visibilidad a través de la obligatoriedad de donación».

La carta a Buccellato culmina con un cuestionamiento a las instituciones oficiales de nuestro país. «Siempre estamos donando obras o trabajo. Este tipo de abusos no debería ocurrir en ningún ámbito, menos aún en el público, que consideramos que debería sentar el modelo de conducta para todo». (El MAMBA no les pagó ni el flete).

Retomando una duda inicial: ¿cómo explicar el «maltrato» que sufren los artistas en un museo, en el mismísimo espacio de las musas (del griego mouseîon) que ellos sienten propio y que debería albergarlos? Flaco favor le hace el MAMBA al Gobierno de la Ciudad. ¿Cómo van a conciliar los extensos e intensos programas para celebrar a toda orquesta la Semana del Arte, con la realidad del «maltrato» que denuncian los artistas? Entre ellos, por mencionar sólo algunos, los talentosos Adrian Villar Rojas, Amadeo Azar, Cynthia Kampelmacher, Estanislao Florido, Eugenia Calvo, Rosana Schoijett, Fabiana Ímola, Javier Barilaro, Faivovich & Goldberg, Deborah Pruden, Martín Legón, Mauro Giaconi, Erica Bohm, Laura Glusman, Jazmín Lopez, Mondongo, Nahuel Vecino, Fernando Brizuela, Gabriel Baggio, Santiago Villanueva, Silvia Gurfein y Mariano Dal Verme. Lo cierto es que hasta los objetivos más nobles y elementales, como apoyar a nuestros creadores, suelen perderse de vista en las eternas luchas por el poder y la gloria.

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