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29 de enero 2008 - 00:00

Reclaman ahora por arte confiscado en ex URSS

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«La danza», de Henri Matisse, perteneció a la colección confiscada por el Estado soviético a uno de los dos industriales cuyos herederos reclaman ahora compensación.
Londres (EFE) - Los herederos de dos ricos industriales rusos que reunieron a comienzos del siglo XX sendas espectaculares colecciones de arte moderno, posteriormente confiscadas por el Estado soviético, creen tener derecho al menos a una compensación económica.

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Pierre Konowaloff y André-Marc Delocque-Fourcauld han aceptado una invitación a una visita privada a la exposición «Desde Rusia: Pinturas Francesas y Rusas 1870-1925», que se inauguró el viernes en la Royal Academy of Arts, según informó el diario «The Guardian».

El primero es biznieto de Ivan Morozov, qué logró atesorar alrededor de trescientas obras de pintores como Cézanne, Bonnard o Gauguin, y el segundo es nieto de Serguei Schuchkin, quien compró auténticas obras maestras de Henri Matisse o Pablo Picasso cuando todavía pocos apostaban por su arte de vanguardia.

Los dos herederos dicen haber renunciado a una demanda ante los tribunales para conseguir la devolución de los cuadros, pero esperan a cambio una compensación financiera en forma de «porcentaje de los beneficios obtenidos de la explotación comercial de esas obras».

«Es una lástima que los museos Pushkin, de Moscú, y Ermitage, de San Petersburgo no nos hayan compensado. Somos los legítimos propietarios», dijo Konowaloff a «The Guardian».

La amenaza de una demanda legal ante los tribunales británicos pendió como una espada de Damocles sobre la exposición londinense y estuvo a punto de impedir la llegada de esas obras a suelo británico. El Gobierno británico promulgó en el último momento una ley que protege los cuadros reunidos en la Royal Academy de cualquier intento de confiscación por la vía judicial.

Trece de las más de ciento veinte obras de la exposición pertenecieron en su día a Moorozov y veintitrés a Schhukin, entre ellas la estrella de la muestra, «La Danza», de Henri Matisse.

Según señalaron Konowaloff y Delocque-Fourcaud, «las grandes exposiciones de arte no son ya empresas puramente culturales para la educación del pueblo, sino enormes máquinas económicas, cruciales para los presupuestos de los museos que las prestan, y que gozan del apoyo de superpatrocinadores».

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