“La escenografía no busca reconstruir un París realista, sino evocar una memoria fragmentada, casi fantasmal. La decadencia no es solo una cuestión estética, sino emocional, personal; se encarna en una atmósfera melancólica, atravesada por pulsiones eróticas y estados de delirio”, dice Oria Puppo, escenógrafa y directora de arte que ideó junto a Vera Cirkovic “Escombros de un vampiro sideral”.
El espectáculo, creado en la Ópera Nacional de Montpellier fue ideado en París y llega a Buenos Aires en la Fundación Beethoven, Av. Santa Fe 1452. Con poemas de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Verlaine y música de Léo Ferré y Henri Duparc, se estrena el viernes 22 a las 20.30. Conversamos con Puppo.
Periodista: ¿Qué podés decir de este espacio intemporal, con escenografía visual, un lugar abandonado, inspirado por la decadencia, la melancolía, el erotismo y la locura de los poemas?
Oria Puppo: Se trata de un espacio suspendido fuera del tiempo, como un vestigio o un espacio transitorio, como un lugar abandonado que conserva huellas de vidas pasadas. Es un territorio donde lo bello y lo inquietante conviven, donde los poemas no son un gesto de representación, sino que parecen emerger de los escombros de la memoria, como si siempre hubieran estado transitando allí esperando resurgir.
P.: ¿Qué significan y representan esos textos y poemas?
O.P.: Los textos funcionan como núcleos de intensidad poética y existencial. No los considero como obras literarias del pasado, sino manifestaciones vivas en un tiempo circular de conflictos humanos universales y presentes: el deseo, la angustia, la transformación, la marginalidad, la rebeldía. Representan también la voz de los llamados “poetas malditos”, figuras que desafiaron las normas sociales y estéticas de su tiempo. En el espectáculo, estos poemas abandonan su pedestal de obras icónicas de la literatura para convertirse en experiencias sensoriales y emocionales, reactivadas por la música y la voz.
P.: ¿Cómo es esa trasposición compleja del francés al español para que el público argentino pueda entender el significado de los textos con estrofas, palabras y voces en castellano?
O.P.: La trasposición no busca una traducción literal o literaria, sino una reescritura sensible que dé un acceso íntimo a la música. Dado que los textos se cantan en francés, el desafío consiste en abrir capas de comprensión fluida en español sin romper la musicalidad original. Esto se logra mediante voces en off, fragmentos recitados, proyecciones y dispositivos escénicos que acompañan y expanden el sentido. El castellano aparece como eco, como resonancia, permitiendo que el público acceda al universo poético a través de una experiencia intuitiva y multisensorial.
P.: Aparecen entre flores del mal, espectros fantasmales, vidas anteriores, lujo, calma y voluptuosidad, ¿qué podés agregar?
O.P.: A ese imaginario se suman elementos de transformación constante: cuerpos que mutan, identidades que se disuelven, presencias que aparecen y desaparecen. Hay una tensión entre lo sublime y lo grotesco, entre lo elevado y lo marginal. También emerge una dimensión ritual, casi litúrgica, donde el tiempo parece circular y los símbolos se superponen. Lo onírico se mezcla con lo cotidiano, y lo íntimo con lo colectivo, generando una experiencia donde cada espectador puede proyectar su propia memoria y sensibilidad.
P.: ¿Qué papel juega la música en este espectáculo?
O.P.: La música es el eje estructural y emocional del espectáculo. No solo sostiene el recorrido, sino que lo transforma. Las melodías originales muy “chanson française” dialogan con influencias contemporáneas como el rock y el punk, generando una tensión entre tradición y ruptura. La música actúa como vehículo de los textos y también como espacio de experimentación sonora, donde la voz lírica se desplaza, se desborda y se reinventa. Es un elemento vivo que conecta todos los lenguajes escénicos.
P.: La autora admite haber sido condicionada desde su infancia a abrazar una carrera de artista lírica... Siempre seducida por la estética de los movimientos surrealistas, punk o góticos, ¿qué significan esas corrientes para vos?
O.P.: Estas corrientes representan una forma de resistencia vital para la creación. El surrealismo aporta la libertad de explorar lo inconsciente y lo irracional; el punk introduce una energía de ruptura que potencia lo performativo, se nutre del rechazo a las normas establecidas; y lo gótico abre una puerta hacia lo oscuro y lo melancólico construyendo un puente genuino con las obras originales. En conjunto, estas influencias permiten tensionar la formación académica clásica tal como la de Vera Cirkovic, nutrida del clasicismo de la lírica, aunque voraz en otras formas de expresión, generando un lenguaje híbrido donde lo conocido de los poemas originales se cuestiona y se transforma en una forma nueva. Son, en definitiva, herramientas para reinventar la tradición y construir una voz propia. Se podría agregar que los orígenes y las raíces de Vera, así como los míos, y el hecho de vivir en su país de origen y ella en el mío, permitió que se generara un diálogo profundo. Que, en mi, opinión dialoga con la cultura argentina.