22 de febrero 2001 - 00:00

Risi: "Filmar acá sale más caro que en Nueva York"

Risi junto a D´Aloja.
Risi junto a D´Aloja.
(21/02/2001) El viernes termina la parte porteña de «Tres esposas», comedia ítaloespañola que empezó a rodarse en una estancia de la familia Blacquier, en Lobos, siguió en Buenos Aires, y pronto continuará por la Patagonia, hasta el Glaciar Perito Moreno y Ushuaia. «Un bel viaggio», dice su director y productor Marco Risi. Cuando alguien le señala que aquí nunca se estrenó ni una de sus diez películas anteriores, responde enseguida: «¡Mejor!».


Su esposa, la actriz Francesca D'Aloja, se divierte: «¡Esa es una salida típica de los Risi!». La charla gira en torno a sus carreras, Dino Risi, Ettore Scola, Vittorio Gassman, y los dolores de un extranjero en la Argentina.

Periodista: Su empresa se llama Sorpasso Film. ¿Es un homenaje, o una herencia?


Marco Risi:
Ambas cosas. No me escondo: soy hijo de Dino Risi. Pero nunca trabajé con él en un set, sino con Alberto Sordi, Duccio Tessari, y mi tío Nelo Risi, más poeta que cineasta. Ocho años fui asistente de dirección. P.: Hasta que empezó a dirigir.

M.R.: Películas comerciales. Recién en la tercera hice lo que quería... y nadie la vio. Pero después siguieron un drama en el servicio militar, otro sobre una cárcel de menores, «Mery per sempre», y su continuación, «Ragazzi fuori», otro sobre aquel DC-9 que aviones norteamericanos abatieron por error en 1980, con 81 pasajeros a bordo, luego una comedia sobre italianos en Africa, un drama sobre las patotas, y un grotesco sobre fiestas de fin de año.

P.: «Mery...» apareció acá en video, como «El reformatorio de la muerte». Señora, también usted filmó algo en las cárceles...


Francesca D'Aloja: Un documental, que resultó una experiencia muy fuerte. Luego hice otro, sobre el mundo de los toros y los toreros en Andalucía. Y escribí la historia de una chica italiana de 16 años, que escapó de su casa y se hizo torera en Sevilla. Sé que muchos verán esto como «políticamente incorrecto», pero a mí me gustan las personas que buscan algo incorrecto. Y me gusta dirigir. Creo que es más interesante que actuar.

P.: Para nosotros, usted es una actriz interesante, incluso por sus comienzos.


F.D.:
Los recuerdo con cariño, porque fueron justamente aquí en Buenos Aires, haciendo «Departamento Cero», de Martin Donovan. Nos conocimos en Italia, y como yo había quedado en su corazón, me mandó llamar. Después trabajé con Ricky Tognazzi, Ferzan Oztepek, Asia Argento, Ettore Scola, tantos otros. Hacer «La cena» fue muy fatigoso. ¡Tres meses, la misma comida! ¡Stefania Sandrelli debía comerse ese chinchulín todas las noches! Pero me gusta Scola, así refinado, inteligente, y, con 70 años, tan divertido, y liberado para trabajar. Yo veo que muchos jóvenes se divierten menos que los viejos en el trabajo.

P.: ¿Cómo es trabajar con Marco Risi?


F.D.:
Hace diez años que vivimos juntos, y ésta es la segunda vez que trabajo con él. Es difícil mezclar la familia con el trabajo. Pero, como me conoce muy bien, puede sacar cosas mías mejor que nadie. Por ejemplo, para la mujer que hago en «Tres esposas», sacó la altivez, la elegancia, pero ¡ojo, yo no soy tan «stronza» como ella!

P.: ¿Cómo es eso?

M.R.: Es una comedia sobre tres mujeres (Francesca, Silke, Iaia Forte), cuyos maridos cometen un robo y huyen lo más lejos posible. Ellas los persiguen. La idea es de Silvia Napolitano, brava guionista italiana que hace dos años vino sola, viajó por todas partes, y escribió esta historia, primero muy divertida, y luego sentimental, a medida que esas mujeres van descubriendo cosas dentro de ellas. Son lindas, esas historias donde un personaje comienza siendo de un modo, y termina siendo de otro.

P.: Hablando de eso, su primer trabajo fue el guión de «Caro papá».


M.R.:
Lo escribimos entre tres. Yo sólo me encargué de elaborar el personaje de un joven que acepta eliminar a alguien incómodo del mundo de la industria y el tráfico. Ese alguien era su propio padre. Por entonces Italia respiraba el terrorismo. Fue lo primero que escribí, pero eso no significa que quisiera eliminar a mi padre.

P.: Nunca lo pensamos. ¿La obra se hizo para Gassman?


M.R.:
Es que Vittorio Gassman era como un álter ego de mi padre. Calcule que hicieron 16 películas juntos, como «Il mattatore», «La marcha sobre Roma», «Il sorpasso», «Los monstruos», «Un italiano en Argentina», «Perfume de mujer»... Mi padre suele definirse como «malincómico», cómico melancólico, o como «nascosto», escondido. El sufrió mucho cuando niño, por la muerte del padre. Entonces hizo una máscara para sus sentimientos. Y Gassman expresaba esos sentimientos, pero además era un hombre frágil, delicado, depresivo.

P.: Usted también lo conoció mucho.


F.D.:
Claro, no sólo vine a actuar con él a Buenos Aires, sino que estuve cinco años casada con su hijo. Íbamos de vacaciones todos juntos, y además, como también yo perdí a mi padre siendo una criatura, Gassman un poco lo suplantó. Siempre lo vi como una figura pater-na, fundamental para mi crecimiento humano, no sólo profesional. Sobre el escenario era tremendamente severo, pero en la vida era muy dulce, muy dulce.

P.: ¿Y qué le pasó?

M.R.: Empezó a hacerse las preguntas que mi padre esquivaba. ¿Qué soy? ¿Por qué hago esto? ¿Estoy seguro que hice en mi vida lo que debía hacer? Aun siendo el actor por antonomasia, estaba disconforme consigo mismo, como actor, como persona...

P.: Vayamos a otro tipo de preguntas. ¿Es cierto que usted está arrepentido de filmar en la Argentina?


M.R.:
Como director, no. La gente es muy profesional, los lugares son hermosos, los argentinos y los italianos somos tan cercanos... Pero como productor, estoy arrepentido. Esto me sale más caro que filmar en Nueva York. Y un café, que en Roma lo pago mil liras, acá me sale tres mil. Y en vasito de plástico.

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