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5 de diciembre 2003 - 00:00

Rosenquist, el pintor del "sueño americano"

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La muestra comienza en el piso superior del museo con la cabeza y manos de una mujer (apropiación de un aviso comercial de crema para manos) junto a un tomate brilloso.
A lo largo de las rampas del Guggenheim se reconoce la capacidad de este artista para crear historias visuales en provocativas imágenes fragmentadas y yuxtapuestas y el impacto de su obra en términos tanto de escala como de contenido es asombroso. Una uña roja gigantesca, el ganchito para sujetar papeles, el Ford de los '50, los spaghetti, un conglomerado retorcido de color naranja, lonjas de tocino, los cables de fibra óptica, los lápices de labios como misiles como tema de sus cuadros -según el artista,
En los '70, su obra hace referencia al efecto negativo que causa en los centros suburbanos la instalación de parques industriales y se pregunta:
En


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