El ex pobre angelito Macaulay Culkin regresa al cine como
un pobre ángel evangelista en silla de ruedas, en una comedia
lo suficientemente amable como para que hasta los
evangelistas pasen un buen rato.
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Advertida de la debilidad que puede sumirlo en el infierno, ella asumirá la misión de llevarlo hacia la buena senda, aunque para ello tenga que ofrendar su propio cuerpo. Al mismo tiempo, otros querrán llevarlo directamente a una clínica de enfermos sexuales. En resumen, con lo dicho ya puede deducirse una buena tomadura de pelo. Pero hay más. Por ejemplo, una darkie que la tiene clara, algunos otros descarriados, un pastor de aquellos, un embarazo misterioso, y hasta un Cristo que aparece donde menos se espera.
Con todos esos elementos, es natural que saliera una comedia satírica. Bastante charlada, entre otros defectillos menores (por ejemplo, leves descuidos de ambientación o continuidad), pero atractiva, de elogiable ritmo, intriga, y elenco, incluyendo al reaparecido
Podía esperarse la típica burla cruel e ignorante de los antirreligiosos. En vez de eso, el espectador encuentra la mirada de los conocedores que se han criado en ese ambiente, y por eso mismo pueden hacer observaciones más o menos amables, pero siempre atinadas, sobre el fanatismo de quienes sólo reconocen una única forma de vida, la hipocresía de quienes dicen seguirlos, y la perplejidad de quienes quieren vivir en paz con el sentimiento del amor al prójimo.
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