28 de julio 2004 - 00:00

Se apresuran por crear al nuevo "Harry Potter"

La inglesa Louisa Young y su hija Isabel Adomakoh: entre ambas escribieron «Lionboy», que ya fue traducida a 26 idiomas.
La inglesa Louisa Young y su hija Isabel Adomakoh: entre ambas escribieron «Lionboy», que ya fue traducida a 26 idiomas.
La conjunción entre la avidez editorial por dar con un nuevo «Harry Potter» y la aparición de una pequeña novela llamada «Lionboy», escrita por una madre inglesa y su hija de 11 años, desataron un veloz entusiasmo en el mercado internacional. Tanto, que la productora Dreamworks de Steven Spielberg se precipitó, a fin de no quedar al margen de un eventual nuevo «boom», a adquirir los derechos de la obra para el cine, al igual que sus probables secuelas.

Aunque todavía es prematuro hablar de un éxito de iguales características, la primera edición de «Lionboy» (es la historia de un chico que tiene el poder de hablar con los felinos, cuyos padres son secuestrados y él debe salir a rescatarlos), ya vendió millones de ejemplares y fue traducida a las más diversas lenguas del mundo.

La novela fue firmada por Zizou Corder, seudónimo tras el que se ocultan la escritora Louisa Young y su hija Isabel Adomakoh Young. Ambas contaron que todo empezó como un «cuento para dormir» y terminó en una novela elaborada en común, y que el seudónimo provino del nombre de una lagartija que tienen como mascota. En su breve paso por Buenos Aires dialogamos con Louisa Young.

Periodista:
¿Le molesta que relacionen su libro con «Harry Potter»?

Louisa Young: Eso aparece siempre. Nosotras no vemos ninguna conexión entre « Lionboy» y «Harry Potter», salvo que son libros para chicos. Obviamente, como «Harry Potter» es tan grande como fenómeno la gente no deja de hacer esa referencia
.

P.:
Además, usted es rubia, inglesa y de una edad semejante a Joanne Rowling, la autora de «Harry Potter».

L. Y.: (Se molesta) Ella es escocesa. Bueno, las dos somos británicas. Nos vinculan y no está mal. No hay problema. Pero lo fundamental es que la literatura juvenil está pasando por un gran momento, y como en el pasado también la leen los grandes. Dickens no tiene un prohibido para mayores ni fecha de vencimiento.


P.:
Por un momento redituable... usted ya superó largamente el millón de dólares por derechos de autor.

L.Y.: A veces es rentable y muchas otra no. Yo he escrito otros libros y he tenido trabajos muy diferentes, pero uno tiene que saber quién es, y yo soy escritora.


P.:
¿En que las cambió esta repentina celebridad?

L.Y.: Tenemos la misma vida porque nos gustaba como era. Lo único es que ahora viajamos mucho: Japón, Tailandia, Nueva York, Río, Madrid, Amsterdam, y Buenos Aires.


P.
: De modo que usted empezó la historia de «Lionboy» de un modo habitual a todos los padres.

L.Y.: Es cierto, comenzó como un cuento para que mi hija se durmiera. Luego ella me alentó a que lo escribiera, y fue agregando escenas, situaciones, corrigiéndome, por eso es un libro de las dos.


P.:
¿Por qué, tratándose de dos mujeres, el personaje es un chico?

L.Y.: No decidimos especialmente que fuera varón, simplemente surgió así. Isabel me pidió que le contara de un chico que bautizó Charlie y fue agregando elementos. Una vez que se tiene el personaje pareciera que ellos solos se meten en aventuras. Por otra parte, en literatura juvenil ya hay demasiados personajes de chicas interesantes, no sólo la Alicia de Lewis Carroll.


P.:
¿Ahora en los libros para chicos los personajes tienen que tener algún rasgo de carácter fantástico?

L.Y.: Queríamos que Charlie tuviera un don. En una historia uno puede hacer que ese don sea especial, mágico, y elegimos que pudiera hablar con los felinos, la cualidad de Salomón, San Francisco, Orfeo y el Dr. Doolittle. Charlie, en un momento, descubre que no es el único con esa habilidad. Es interesante crear un mundo completo, lleno de realidad, y luego agregarle algunos elementos extraordinarios. « Lionboy», en ese sentido, no pertenece al género fantástico, como «Harry Potter», sino al realismo mágico.


P.:
¿Lo de la trilogía también fue una necesidad literaria o se lo reclamaron los editores?

L.Y.: De ninguna forma. Cuando no pudimos incluir en el primer libro todo lo que queríamos, porque de otro modo habría sido de no sé cuántas páginas, pensamos en la idea de la trilogía. Además, crecía en suspenso.


P.:
De modo que su hija es la responsable de que usted dejara de escribir novelas para adultos, ensayos y periodismo.

L.Y.: Así es. Si mi hija no me lo hubiera pedido, no se me habría ocurrido jamás. No esperaba a Steven Spielberg. ¿Quién puede fantasear eso? El escritor sólo quiere seducir a su agente o editor. Hoy « Lionboy» está en 33 países y 26 idiomas, parece que hay gente a la que le gusta, pero cuando se está escribiendo una no se pone a pensar en eso.


P.:
¿Cómo llegó el contrato de Dreamworks?

L.Y.: A través de nuestro agente en Londres, que envió ejemplares a quienes consideró que podían interesarse. Una productora de California se interesó y recurrieron a Dreamworks para hacer la inversión y comprar los derechos. La producción avanza a ritmo normal, es decir bastante lento, como es común en Hollywood. La buena noticia es que encontraron el director. Hemos visto un segundo guión, pero no nos metemos demasiado, somos autoras del libro y ellos se encargan de la película.


Entrevista de Máximo Soto

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