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28 de noviembre 2006 - 00:00

Se luce Piquín en "Hernán Buenosayres"

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Aunque le falta unidad temática, es visual y coreográficamente atractivo el espectáculo de danza inspirado en el Dante y Marechal, que lidera el notable bailarín Hernán Piquín.
«Hernán Buenosayres (Angel y demonio)». Idea, coreog. y dir.: M. Fernández y L. Roatta. Mús.: J. Plaza, M. Mores, O. Pugliese y A. Piazzolla. Arreglos: J. Vat. Vest.: F. Ayala. Luces: O. Possemato. Grupo La Rayuela y Pies Descalzos. (Teatro Maipo, hasta el 10/12).

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Este ballet de cámara es una suerte de mezcla de «La Divina Comedia» de Dante y de «Adán Buenosayres» de Marechal, cuyo centro de atención es el destacado bailarín Hernán Piquín, rodeado por trece mujeres que bailan, mientras otra canta y otra toca el bandoneón.

Las coreógrafas asociadas, Margarita Fernández y Laura Roatta crearon una obra en la que Hernán Buenosyares (Piquín) desciende a una suerte de purgatorio, acompañado por La Cancerbero (Miriam Coelho) para redimir sus pecados terrenales, y encontrar finalmente el amor puro y juvenil de la Novia Celeste (Natalia Pelayo), que salvará al protagonista del infierno.

Sin profundizar demasiado en sus ilustres antecedentes literarios, «Hernán Buenosayres» está constituido por una serie de cuadros, algo quizás cuestionable, ya que el ballet no tiene una verdadera unidad temática y coreográfica, lo que le quita un puntofuerza a la totalidad de aliento moral y filosófico. Así como se presenta es una acumulación de secuencias donde el diseño coreográfico es una síntesis de danza académica tratada desde la óptica neoclásica (sobre todo para los tres personajes principales provenientes del ballet clásico) y la danza contemporánea (las bailarinas de los conjuntos de Fernández y Roatta, quienes bailan trazados modernos con algunas reminiscencias del estilo Graham) y el expresionista, como se ve en el cuadro de las naranjas.

La obra es atractiva, está muy bien bailada por ambas compañías y los solistas son inmejorables, comenzando por Piquín, un estupendo artista de sólida técnica clásica que se adapta a la estilización tanguera, siempre con cuidado y buen gusto y una exhibición acrobática deslumbrante. Los pas de deux que lo tienen como eje son siempre impactantes.

Miriam Coelho y Natalia Pelayo componen a las partenaires» de Piquín con seguridad técnica y carácter la primera, y de etérea elevación la segunda. Una particular voz aporta Stella Díaz en sus intervenciones y es eficaz el bandoneón Eva Wolf, aunadas a una buena selección de temas realizada por Julián Vat, arreglados por él mismo con su habitual capacidad musical.

La producción de «Hernán Buenosayres» es buena, con atractivas luces de Possemato y un sugerente vestuario de Francisco Ayala, que se halla a mitad de camino del tango tradicional y la danza clásica.

Además, toda la performance posee el atractivo adicional de ser un anticipo de lo que quizá se vea el año próximo en «Aniceto», el ballet cinematográfico de Leonardo Favio, donde Piquín es protagonista, y las coreógrafas Fernández-Roatta diseñadoras de la danza del film. Toda una curiosidad para el panorama cinematográfico local.

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