Durante ese período, tres amigos cumplen sin mayor entusiasmo unos pocos quehaceres. Uno es letrista, y pinta un cartel en la ruta, otro es empleado en un pequeño local de lotería, y el tercero debe preparar las materias que adeuda de la secundaria. Ellos se compraron el auto para levantar chicas, pero como el auto no anda se resignan a levantarlas en colectivo. Igual son unos quedados. Lo gracioso es que después dos caen en manos de unas chicas inesperadas. Sólo uno consigue la que quería (mejor dicho, ella lo consigue).
Otros instantes graciosos corresponden a un viejo contando que se deprime cuando va al banco
Precisamente, porque el relato es minimalista. Por suerte no llega a aburrir. Hecho en la ciudad de Salta y sus afueras, tiene a favor la tranquila luz de provincia, un desarmante tono de ingenuidad (en una escena hasta deja que se vean dos chicos presenciando el rodaje desde la vereda de enfrente), y la abierta cordialidad de sus mujeres. El comienzo, auspicioso, da a entender que ésta es una obra hecha entre amigos. Simpática, no aspira a más. Y si renguea un poco, bueno, eso va bien con el número elegido para el título.
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