15 de noviembre 2007 - 00:00
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Director Beda Docampo
Feijóo: «Es la primera vez
que Grandinetti hace de
abuelo, y lógicamente hubo
algunas bromas».
P.: Qué curioso, él ha rechazado su familia, pero a los clientes les hace todo un elogio de los sabores del hogar, cuando presenta unos huevos fritos como plato de la infancia.
B.D.F.: Con un detalle que dejó perpleja a nuestra ecónoma, porque algunos fríen los huevos con aceite de oliva, otros con manteca, y él con manteca y aceite. No es fácil. El Gato Dumas decía «acá todos piensan que hacer huevos fritos es una chorrada pero es lo más difícil que hay». «Yo los hago con manteca», agregaba. Hoy varios chefs hablan de «recuperar los sabores de la infancia». Por eso éste, que tonto no es, dice lo mismo, y su amigo, el personaje de Marrale, lo mira con complicidad.
P.: Ese personaje hace libros de autoayuda y envidia la velocidad de Simenon.
B.D.F.: Algunos tienen esa capacidad. Dostoievsky escribió «El jugador» en 24 días, obligado por las deudas de juego. Simenon, con una literatura más liviana, llegó a escribir novelas en veinte días, y hasta en diez. Pero nuestro personaje también le envidia la forma de vida, porque Simenon hacía gala de haberse acostado con, exactamente, 10.000 mujeres. Después se descubrió que casi todas eran prostitutas.
P.: Volviendo a cuestiones literarias, ¿coincide con el personaje de Grandinetti cuando dice que «los insultos le dan sabor a las frases»?
B.D.F.: «Los insultos son como la albahaca a la pizza, le dan sabor a las frases». Pero hay que ver en qué momento lo dice. Personalmente no soy de escribir malas palabras, salvo que el personaje sea un maleducado, o tenga inquina con alguien, como le pasa a la bailarina que encarna Ariadna Gil, que por años estuvo escuchando lo que le contaba su amiga.
P.: Que no eran flores. ¿Dónde se filmó?
B.D.F.: En un departamento de Puerto Madero, una casona de Núñez, un restó de Palermo, la parte vieja de Madrid, Sitges y Alicante.
Entrevista de P.S.



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