El piso del mural «Ejercicio plástico» pintado por el mexicano David Alfaro Siqueiros, una parte imprescindible para concretar el proyecto de restauración, fue entregado a fine de la semana pasada por Horacio Aurelio Rodríguez, presidente de Dencanor, y la apoderada de la firma, la letrada Mirta Barruti, al secretario de la Presidencia de la Nación, Oscar Parrilli.
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Mientras algunos medios aseguraban que el piso estaba en Europa, el viernes llegaron desde Mar del Plata los 63 baldosones junto a la puerta original del sótano donde se pintó la obra y las rejas de las ventanas. Ahora ya nada impide que comience el complejo trabajo que demandará reconstruir el mural que hoy se encuentra en la Plaza Colón. Hasta está listo el tinglado para albergar la pintura y sacarla finalmente de los contenedores.
Si «Ejercicio plástico» fue un proyecto utópico de Siqueiros, que encerrado por cuestiones políticas en una caverna creó una pintura para ser filmada y de este modo, superar la difusión masiva de los murales (ya que las imágenes llegarían a todas las pantallas), también fue utópico el «rescate» que soñó Héctor Mendizábal, quien en 1991 compró la quinta «Los Granados» y gastó más de un millón de dólares en extraer la obra de esa caverna, para llevarla de gira por el mundo.
Hoy nadie sabe con certeza qué nuevos desafíos se deberán enfrentar para lograr ensamblar los fragmentos de una obra que, desde ya, está visiblemente dañada. Se sabe que los ingenieros Tomás del Carril y Jorge Fontán Balestra, autores del complicado desmontaje, no trabajarán en la reconstrucción. El restaurador mexicano Manuel Serrano es ahora el ideólogo del proyecto de convertir el mural en un gigantesco mecano para armar y desarmar. Serrano se apresta, en estos días, a encarar la difícil tarea de volver a montar el mural.
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