A nadie se le ocurriría filmar un documental para demostrar, por ejemplo, que si una persona sumerge media hora la cabeza bajo el agua se ahoga. O que si la golpea diez minutos seguidos contra un pared se hiere. La conclusión dista de ser una primicia, y la película es más grotesca que educativa. Lo que sí revela es la paulatina consolidación de este género cuasidocumental que fundó
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