El resto acumula variantes o reiteraciones de lo que ya había quedado bosquejado desde el comienzo, como si a la joven directora y guionista le provocara cierta desazón llegar a los cien minutos de una película con destino de mediometraje. O, tal vez, ocurra que la idea de progresión dramática, y hasta el simple principio de identificación emocional, formen parte de los anatemas del cine independiente del que se ufana esta producción, mimada por una llamativa nominación cuádruple para los Oscar, que incluye la correspondiente a su errático guión (lo que habla menos de eclecticismo que de cierta esquizofrenia en los votantes, cuando el cuadro de honor también lo integra la lacrimógena
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