Daniel Barenboim convocó a una acalorada multitud en el Obelisco, en un concierto que
solventó la TV alemana y se transmitió en directo para el fin de año europeo.
Anunciado a las siete de la tarde del domingo, el concierto de Daniel Barenboim en el Obelisco comenzó treinta y cinco minutos más tarde. El calor era aplastante, pero Jorge Telerman, quien desde unos minutos antes recibía a invitados vip con ostras y champagne, no tenía ningún otro motivo para sofocarse: logró una convocatoria excelente, a la que exageradas estiminaciones iniciales calcularon en 30.000 personas ( fueron algo más de 10.000), y los costos operativos corrieron, casi en su totalidad, por la televisión alemana, que se valió de la transmisión de este concierto en directo para Europa como programación de cierre de año.
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Las cámaras de la productora EuroArts también generaron un film sobre Barenboim y las actividades de su West-Earstern Divan Orchestra, y fueron las que transmitieron el espectáculo en vivo para Europa, exactamente a la hora en que (gracias a la diferencia horaria) se estaba por iniciar 2007.
Entre los invitados se contaron el embajador israelí Rafael Eldad y su par palestino, Suhail Hani Daher Akel. Barenboim fundó en 1999 la West-Eastern Divan Orchestra junto al desaparecido intelectual palestino-estadounidense Edward W. Said. La orquesta está integrada por alrededor de 80 músicos jóvenes músicos, en su mayoría israelíes y árabes, especialmente palestinos, además de españoles que tocan instrumentos clásicos occidentales.
A la sombra del Obelisco se alzaba el escenario, cara al sur, Daniel Barenboim convocó a una acalorada multitud en el Obelisco, en un concierto que solventó la TV alemana y se transmitió en directo para el fin de año europeo. con dos pantallas laterales que reproducían lo que ocurría en vivo. El concierto, titulado «Tangos Sinfónicos» (lo que más les gusta a los europeos), además de la dirección de Barenboim tuvo como participantes a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta-Típica de Leopoldo Federico y la pareja de danza de Mora Godoy y Junior Cervila.
Arranque
La aparición de Barenboim en el escenario llenó de aplausos la Nueve de Julio, que el director argentino-israelí sofocó rápidamente con una selección de tangos de Carlos Gardel. Con micrófono en mano, que no siempre respondió a sus requerimientos, el músico dialogó con el público. A partir de allí y por espacio de dos horas se oyó un puñado de tangos, de Gardel-Lepera y de Piazzolla, fundamentalmente,. En dos oportunidades Barenboim se sentó al piano, para tocar las introducciones de «Adiós Nonino» y «El día que me quieras». «De aquí en más», bromeó Barenboim en un momento, «ésta será la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y Del Tango». Amplificación mediante, a veces un poco chillona y con algunas deficiencias, Barenboim y los filarmónicos se alternaron con la Orquesta de Leopoldo Federico, que tocó muy bien, sin los aditamentos que los arreglos de Carli producen como « tango sinfónico», acompañando a un cantante, Carlos Goñi, que hizo «Naranjo en flor», y a la breve participación de Godoy-Cervila en una sola milonga, y en obras de su repertorio.
A las 20, Barenboim saludó a la audiencia europea que recibía en vivo el concierto, con la «última comparsita del 2006 y la primera del 2007». El set final del concierto fue dedicado a Horacio Salgán, presente en el lugar y que saludó al público desde el escenario. Tres tangos de él («A don Agustín Bardi», «Aquellos tangos camperos» y «A fuego lento») cerraron el show pasadas las nueve de la noche. Para el acalorado público, que en su mayor parte ya debía estar pensando en el regreso para celebrar el fin de año, era suficiente.
Cuando Barenboim anunció que se llegaba al final, nadie se quejó ni pidió un bis. Tanto fue así que el director de la Divan se extrañó: «¿Nadie llora porque terminamos?» No. Nadie lloró. Hacía mucho calor, no como en los países hacia donde se llegó por televisión con el show tanguero sinfónico.
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