“La comedia es un género que tiene mucho valor y al que en general se lo subestima, como si escribir una comedia no tuviera profundidad”, dice Paula Manzone, quien dirige “Ping Pong”, de Leonardo Hofman que se estrena el próximo lunes en Espacio Callejón con Sergio Calvo, Augusto Ghirardelli, Francisco Macia y Elvira Massa. Dialogamos con Manzone y Hofman.
Periodista: ¿Qué le atrajo del texto para dirigirla?
Paula Manzone: Hacía mucho que no leía algo con tanto humor. Este texto y las comedias que me gustan invitan a reflexionar más allá de la risa. Y además la comedia negra es muy difícil, es delicado el punto de hasta dónde se puede llegar con el chiste negro.
P.: ¿Qué historia cuenta?
P.M.: Paco y Manolo son dos ex asesinos a sueldo que se encargan de transportar los cuerpos a un lugar para hacerlos desaparecer. Una noche están esperando a un cliente que dijo llevaría a su madre, pero cuando llega confiesa que todavía no logró matarla y necesita tiempo para reunir el coraje suficiente. Pero entonces el matricida en potencia recibe una contrapropuesta inesperada .
P.: ¿Cómo le apareció esta historia?
Leonardo Hofman: Con una imagen de dos tipos jugando al ping pong en un bote esperando que les traigan un cadáver para transportarlo al otro lado del río. Pienso ahora que ese juego me llevó a mi infancia. Mamá llegaba del trabajo y se enojaba porque armábamos con mis hermanos una cancha con la mesa del comedor.
P.: ¿Cómo es el universo de los personajes?
P.M.: Fermín, con 42 años, es un grandulón al que la mamá le sigue haciendo el desayuno y comprando los calzoncillos. La vuelta de tuerca está en la identificación que sienten los asesinos con esta madre ante la carencia. No entienden las razones de Fermín para matarla. Hay un choque entre estos dos mundos y ahí está la gracia.
P.: ¿Qué referencias tomó?
P.M.: Las historias de los hermanos Coen, “Fargo”, como ejemplo obligado de humor negro. Alex de la Iglesia y Santiago Segura también, sobre todo porque hay algo de la torpeza que se juega.
L.H.: También Tim Burton y “ El joven manos de tijera” o “Beetlejuice”. “Mientras agonizo” de Faulkner, es una novela cargada de humor negro, de hecho la historia es la de una familia que tiene que llevar el cuerpo de la madre muerta a otro pueblo para ser enterrada.
P.: ¿Por qué en el circuito independiente la comedia es menos transitada y en el comercial abundante?
P.M.: Se la tiene como si fuera un género fácil para hacer reír y parece optar por la obra profunda, formal, heroica, como si esos valores fueran mayores. Que un actor y un texto puedan hacer reír es de un gran valor. Tiene que haber más comedias, hace bien que hagan reír con sencillez.
L.H.: En el comercial veo otro tipo de comedia, una especie de híbrido que se fue asentando con el paso del tiempo pero que en este último tiempo se están probando otras cosas. . P.: ¿Qué diferencias hay entre hacer cine y teatro?
P.M.: Hay que remar en todo. De alguna manera hacer teatro es más accesible, sólo hay que estar convencido del texto y salir a convencer a actores. Para llevar un proyecto adelante hay que estar siempre seduciendo a alguien. Eso pasa en cine y teatro. En teatro uno ensaya y se va viendo, puede ser que alguien abandone pero en cine mucho más difícil y se necesita mucha gente y mucha plata. El Incaa aporta pero no alcanza, entonces hay que salir a convencer a productores. Hay algo del teatro que me llevó al cine. El corto “Pequeña” que escribimos, dirigimos y produjimos con Paula Morel nos llevó a convencer a gente, les gustó el proyecto y entendieron por dónde iba, con trabajo ad honorem, y después ganamos muchísimos premios y pasamos por festivales como el de Valencia, La Habana o México además de los muchos del país.
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