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16 de mayo 2006 - 00:00

Tocarán rara marcha escolar de Puccini

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Gustavo Otero y Daniel Varacalli Costas, autores del libro «Puccini en la Argentina. Junio-agosto 1905», que presentarán mañana.
La visita de Giacomo Puccini a Buenos Aires, en 1905, no fue un simple «tour de artista» al estilo actual. Invitado por el diario «La Prensa», en cuyo palacio residió junto a su esposa, la permanencia del compositor se prolongó durante tres meses, en cuyo transcurso no sólo recibió centenares de homenajes y fue invitado a otros tantos banquetes (para su gran angustia, ya que era fóbico a hablar en público), sino que además compuso una marcha argentina, «Dios y Patria», destinada a ser cantada en las escuelas, cuya partitura se publicó en ese diario y que recién mañana, por primera vez en la historia, se tocará públicamente (en su época, la obra nunca llegó a cumplir el cometido para el que había sido destinada).

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El acto será mañana a las 19 en el Salón Dorado de la Secretaria de Cultura de la Ciudad (Av. de Mayo 575) a las 19 (el mismo lugar donde Puccini residió, ya que «La Prensa» tenía allí su sede), y cantarán Omar Carrión y Enrique Folger, con José Luis Juri al piano. La canción, de esquema simple, en Do Mayor, tiene letra de Matías Calandrelli, un maestro italiano que había sido invitado por Sarmiento a residir en la Argentina, y que llegó a ser el primer rector del Colegio Nacional de La Plata. En el acto de mañana, el «estreno» de esa marcha pucciniana será acompañado por la ejecución de algunas canciones de cámara del mismo compositor.

Patrocinado por el Instituto Italiano de Cultura, simultáneamente a la exhumación de ese inédito, se presentará en el mismo acto, el libro «Puccini en la Argentina. Junio-agosto 1905», de los musicólogos Gustavo Otero y Daniel Varacalli Costas. Ambos tuvieron a su cargo, el año pasado, la exposiciónhomenaje al centenario de la visita de Puccini a la Argentina, que desembocó ahora en este libro. Dialogamos con ellos:

Periodista: Más allá de su simpleza, el estreno de esta marcha va a modificar el « corpus» integral de las obras de Puccini. ¿Ya están al tanto sus legatarios?

Gustavo Otero: Sí, por supuesto. Su única legataria es Simonetta Puccini, nieta del maestro, que es hoy quien maneja todo lo vinculado con su obra y derechos. Pero, de todas formas, hay una comisión italiana de homenaje, que está publicando versiones integrales y críticas de su obra completa, en virtud de los muchos aniversarios que se celebraron y se celebrarán: hace dos años se cumplieron los 80 años de la muerte de Puccini, a la vez que del estreno de su ópera inconclusa, «Turandot», y dentro de dos años se conmemorán los 150 años de su nacimiento.

Daniel Varacalli Costas: Hay algo importante que también debe destacarse. En la mayor parte de sus biografías, empezando por la más famosa, la de Mosco Carner, la visita de Puccini a la Argentina se menciona muy por encima, o directamente se ignora. En cambio, los detalles de sus viajes a los Estados Unidos están exhaustivamente documentados. Y eso es un error que debe revertirse. No debemos olvidar que, gracias a lo que era nuestro país en aquellos tiempos, muchísimas óperas tenían su première fuera de Italia en primer lugar en Buenos Aires, y bastante después en los Estados Unidos. Hay otros errores también en esas biografías, como el de referirse al teatro Colón durante la visita de Puccini a la Argentina. Hay que recordarles que el Colón actual se inauguraría tres años después de su viaje, en 1908, y que el viejo Colón había cerrado en 1988. En 1905, el teatro lírico más importante de Buenos Aires era el de la Opera, con el que rivalizaban el Politeama, el Victoria, el Odeón y el San Martín.

P.: ¿Encontraron fuentes suficientes para documentarse?

G.O.: Las fundamentales fueron los archivos del mismo diario, las cartas de Puccini (él ya le hablaba a su libretista Illica de este viaje, antes de hacerlo), y en la investigación fotográfica que realizamos aparecieron algunas piezas muy valiosas, aportadas por un coleccionista.

P.: Además de la composición de «Dios y patria», ¿hubo algún otro hecho destacable de aquella visita desde el punto de vista artístico?

G.O.: Sí, el estreno de la versión definitiva de su segunda ópera, «Edgar», después de una revisión exhaustiva. Eso también lo deberían tener en cuenta sus biógrafos internacionales.

P.: Es sabido que en sus tiempos de pobreza en Italia, Puccini fantaseó con radicarse en la Argentina, llamado por su hermano menor, Michele, que había venido aquí a «hacer la América» y terminó su vida de una manera trágica. ¿Hay algún testimonio concreto de los sentimientos encontrados que le habría despertado la Argentina?

D.V.C.: Esa es una historia oscura y de la que no existen demasiados testimonios, desgraciadamente. Es cierto que Puccini, antes de alcanzar la gloria (y su primer dinero real) con «Manon Lescaut», pensó en venir a probar suerte a Buenos Aires. No sólo su hermano sino algunos amigos suyos, dentro de la enorme comunidad de italianos en Buenos Aires a principios del siglo XX, le habían propuesto la idea. Sin embargo, sólo pueden trazarse conjeturas sobre lo que habrá sentido Puccini en esos meses en Buenos Aires. Habían pasado 15 años desde la muerte de Michele a su llegada al país, 15 años en los cuales él también pasó de ser un compositor poco conocido a ser una figura mundial. Lo cierto es que en dos óperas suyas que transcurren en tierra americana, el último acto de la citada «Manon», y «La fanciulla del West», la visión que tiene América es fuertemente negativa.

Entrevista de Marcelo Zapata

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