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1 de septiembre 2008 - 00:00

Tolcachir: las omisiones de los oficinistas

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Claudio Tolcachir: su obra anterior, «La omisión de la familia Coleman», hasta es recomendada en guías turísticas inglesas. Este fin de semana estrenó «Tercer cuerpo».
Luego del éxito de «La omisión de la familia Coleman», que ya superó las 600 funciones (y en breve iniciará su segunda gira europea que incluye una parada en Sarajevo y un mes de temporada en Madrid), el actor y director Claudio Tolcachir estrenó el pasado fin de semana en su sala Timbre 4 una nueva obra suya titulada «Tercer cuerpo».

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En ella narra las desventuras de un trío de oficinistas y una pareja de enamorados que hacen lo imposible para resolver sus problemas, pero «cada vez les va peor». La interpretan Ana Garibaldi, Daniela Pal, José María Marcos, Hernán Grinstein y Magdalena Grondona. Además, Tolcachir sigue actuando en «La noche canta sus canciones» y «Un hombre que se ahoga» en la puesta de Daniel Veronese, quien también lo dirigirá en una nueva versión de «Casa de muñecas» de Ibsen a estrenarse el año próximo.

Pese a la frágil situación que atraviesan los teatros independientes, Tolcachir, por estos días, amplió su teatro de la calle Boedo 640 anexándole una nueva sala con capacidad para 200 personas.

«Ya sé que es una locura abrir otra sala, pero encontramos este galpón, una antigua fábrica de sillas, en el lote lindero de Timbre 4, y mi hermano nos ayudó a comprarlo. El vive en París y esta es una manera de volver a conectarse con el país. Lo más curioso, sin embarggo, es que hay gente que se ofrece a ayudarnos con dinero», dice.

Periodista: ¿Sólo por que les gustó «La familia Coleman»?

Claudio Tolcachir: Algunos me conocen desde muy chico, yo empecé a los 11 años en el estudio de Alejandra Boero y después no paré. «Tercer cuerpo» es una coproducción del Festival Santiago a Mil que surgió porque llevamos los Coleman a Chile, y como gustó tanto nos ofrecieron producir la siguiente obra sin conocerla.

P.: ¿Qué se puede anticipar?

C.T.: Es una historia simple, pero no lineal, en la que juego con la ansiedad del espectador de querer atrapar los hechos para saber hacia dónde va la obra. El público se va encontrar con diferentes opciones, una tan válida como otra.

P.: ¿En qué fracasan estos personajes?

C.T.: Están buscando algo, puede ser un hijo, una pareja, un lugar para vivir... Se trata siempre de algo que no está, que les falta, y que de alguna manera tiene que ver con lo afectivo. No son inactivos frente a sus problemas, intentan de todo, inclusive a extremos absurdos, pero todo les sale mal. Por otro lado, están envueltos en ese tipo de relaciones cotidianas en las que uno no sabe nada del otro, por más que lleve 15 años trabajando en la misma oficina. Sé que la historia que cuento es triste, pero igual tiene humor. No sé escribir de otra manera, ni ver la vida sin una mirada absurda. Y siempre empiezo por reírme de mí.

P.: ¿Tener sala propia no le sumó más problemas?

C.T.: Yo no quería tener una sala propia ni convertirme en administrador, pero cuando estrené «Los Coleman» en Timbre 4, un PH donde también vivo, fue tan desbordante lo que pasó con la gente que la misma obra nos exigió poner una boletería, una oficina y una computadora. Tuve que ceder mi cocina y dormitorio y construir otros en la terraza. 

P.: Y ahora también es miembro de Artei...

C.T.: Para mí es valiosísimo estar al lado de gente que viene sosteniendo el teatro desde hace años y que ya pasó por dictaduras, desencuentros con funcionarios y todo lo que se le ocurra.

P.: ¿Cómo están las salas independientes en la gestión Macri?

C.T.: Es un momento de extraña calma, como de transición. Todavía no están del todo definidas las leyes que regulan la actividad teatral y las que ya existen aún no han sido asimiladas por los nuevos habilitadores. En un punto está bien que nos exijan ciertas normas de seguridad, pero nadie entiende por qué siguen pidiendo la máquina de profilácticos. Todavía hay funcionarios a les cuesta entender que el teatro independiente no es una empresa destinada a generar dinero, para ellos es algo muy difícil de clasificar.

P.: Es como lo del gobierno nacional, cuando propone a Gardel, Maradona y el Che Guevara para que nos representen en la Feria del Libro de Frankfurt.

C.T.: Cuando uno ve el apoyo y el valor que se le da a la cultura en Europa, inclusive como atractivo turístico, se desespera, porque no todo pasa por lo económico. A raíz de las giras que estuve haciendo por Europa vi lo fuerte que es el teatro argentino y la curiosidad que despierta; bien, podríamos utilizarlo para atraer más turistas. Le cuento algo, no por vanidad sino como un dato a tener en cuenta. Una amiga estaba en Londres y en uno de esos diarios gratuitos que reparten en el subte vio un artículo sobre Buenos Aires que recomendaba no perderse «La omisión de la familia Coleman».

Entrevista de Patricia Espinosa

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