Sin ritmo, mal
actuada, con
diálogos poco
inspirados,
situaciones
absurdas e
incoherencias
narrativas,
«Impunidad»
está muy por
debajo de
films recientes
de Javier Torre
como «Un
amor de
Borges».
«Impunidad» (Argentina, 2008, habl. en español.). Guión y dir.: J. Torre. Int.: C. Echevarría, L. Bredice, S. Palacio, A. Ugo, J.L. Alfonzo, F. Benzal, M. Perkins, H. Torre, A. Young.
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Vuelve Javier Torre a filmar en Necochea, donde había hecho, hace ya 15 años, buena parte de «El camino de los sueños», en especial una muy atractiva escena con Sandra Ballesteros y el personal de una gomería, contribuyendo al paisaje de la zona. Pero lo que ahora vemos, hay que advertirlo, carece de escenas similares, y el paisaje es más bien desagradable, aunque el lugar se llame Costa Bonita (vale decir, Quequén, más que Necochea). Como sea, esto no es lo peor de la película.
Lo que vemos, o más bien lo que se ha intentado hacer, es un thriller de climas, donde el recién llegado cuidador de una casa balnearia que en verdad no merece cuidados, sino demolición, se contacta con una masajista profesional, pero masajista de veras, una mujer amarga, taciturna, que también tiene un padre desvalido, cuida a la hijita de un camionero fisicoculturista, y ,luego lo sabremos, antes de masajista fue médica veterinaria, hasta que le arruinaron la carrera por haber denunciado un negocio de vacunas con agua destilada. Lo que no sabremos, hasta el minuto final, es por qué el susodicho cuidador no hace nada por la casa, ni tampoco hace nada por defenderse cuando la mujer aparece muerta en el galpón de la casa, y son otros -vecinos y amigos de la finada- quienes lo defienden y ocultan, aunque tampoco se sabe por qué, si pasa la noche oculto, al otro día anda paseando por la plaza, etcétera.
Sin ritmo, mal actuada, con diálogos poco inspirados, y situaciones absurdas que hacen pensar que primero se filmó y después se escribió el guión, algunas incoherencias narrativas se emparchan al final, otras no, y encima Quequén y Necochea se ven demasiado poco atractivas. En suma, Javier Torre vuelve al lugar donde filmó hace 15 años, pero con resultados similares a los de hace 27, cuando debutó con «Fiebre amarilla». Se echa de menos el nivel comparativamente muy superior que había alcanzado en las recientes «Un amor de Borges» y «Vereda tropical».
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