Torres: "El tradicionalismo no sirve, sí la tradición"

Espectáculos

Jaime Torres debió haber hecho su ciclo de conciertos en el Centro Cultural Torquato Tasso en enero, pero, un chequeo de rutina dio una señal de alarma en su corazón y, cateterismo mediante, el estreno se postergó por un mes. «Fue simplemente un pequeño susto» -dijo el charanguista a este diario en su casa de Barracas-; «en principio pensaron que podía ser más grave de lo que era, así que ya estoy bien y ahora finalmente volveremos a tocar».

Periodista
: Usted menciona habitualmente su apego a lo tradicional, pero ha trabajado también con músicos de rock y sé que está trabajando en una experiencia electrónica.

Jaime Torres: No debe confundirse tradicional con lo tradicionalista. No me gustan los disfraces. Me gusta la gente que se acerca a la música desde su propio lugar. Me gusta lo autóctono pero también la música que hacen jóvenes que se acercan al folklore desde su propio lenguaje.Yo he tocado por igual con músicos como Divididos o la Bersuit como con orquesta de cámara. Y ahora estoy haciendo una experiencia con un artista electrónico, Alejandro Seoane. Yo siempre he dicho, un poco en broma, que no necesito cables porque me basta con el cable a tierra, y que sólo haría esto cuando encontrara a un buen electricista. Creo que esta vez he encontrado al mejor electricista.


P:
Hace pocos días se generó una pequeña controversia desde Bolivia, cuando el presidente de Chile ofrendó un charango como instrumento nacional y los bolivianos salieron a reclamar su paternidad. ¿Qué opinión le merece esta cuestión?

J.T.: Por cierto -y lo sé porque he leído los diarios de Bolivia- fue una controversia pero no pequeña. A mí me parece -y lo digo desde el orgullo de ser hijo de bolivianos- que la cultura no tiene las mismas fronteras que los países. Si bien algunos ubican el nacimiento del charango en la zona de Chuquisaca, en Bolivia, a esta altura es muy claro de que se trata de un instrumento que representa a toda la zona de la Puna, el Altiplano y también de los Andes; la cultura está ligada a las tradiciones y a las costumbres y no a los límites geográficos. Así que nadie debería sentirse molesto. En todo caso, me alegra mucho que desde Bolivia se estén reivindicando valores culturales, como el del Tiahuanacu, que estaban muy desvalorizados. Eso no quiere decir que no me alegre, al mismo tiempo, un premio como el que recibió Gustavo Santaolalla, uno de los grandes músicos argentinos y con quien es maravilloso ponerse a improvisar, como puede serlo con Hernán Gamboa, con Dino Saluzzi o con Juan Falú.


P:
¿Está escribiendo un libro sobre el charango?

J.T.: Sí, pero se va haciendo de a poco, cuando el tiempo me lo permite. Pero no se trata de que se me dio por invadir el terreno de la musicología, sino que a veces siento que nos olvidamos de algunas cosas y, desaparecida cierta gente, no habrá quién las cuente. Se han muerto Isabel Aretz -una etnomusicóloga que ha hecho muchísimo por la cultura de nuestro continente- y Arnoldo Pinto -el tipo que inundó el mundo de quenas-, y prácticamente nadie se ha enterado. Por eso también me parece fantástico lo que ha hecho Santaolalla reivindicando la historia de figuras fundamentales del tango en la obra «Café de los maestros».


Entrevista de Ricardo Salton

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