14 de septiembre 2006 - 00:00

"Transamérica"

Felicity Huffman y Kevin Zegers en «Transamerica», crónica de un viaje a través de un país y de un género sexual al otro.
Felicity Huffman y Kevin Zegers en «Transamerica», crónica de un viaje a través de un país y de un género sexual al otro.
«Transamérica» (id., EE.UU., 2005; habl. en inglés). Dir.: D. Tucker. Int.: F. Huffman, K. Zegers, F. Flanagan, E, Peña, G. Greene y otros.

Jugando con varios de los sentidos del título, «Transamérica» es un largo viaje a lo largo de los Estados Unidos (de la costa Este a California), pero sobre todo es la crónica del cruce de un sexo al otro. Este último aspecto arrastra a veces al film al síndrome del «issue movie», es decir, a que domine casi centralmente la problemática del protagonista, un hombre que se transforma quirúrgicamente en mujer, y que el argumento dramático que lo sostiene sea sólo un espacio para desarrollarlo.

El guión deja traslucir su preocupación porque eso no ocurra, y plantea algunos conflictos que no siempre, sin embargo, eluden el lugar común. Algunos son interesantes, en especial la tensa y delicada relación entre ese hombre, llamado Stanley en la partida de nacimiento y Bree ( Sabrina) por decisión personal, y su hijo Toby, de cuya existencia sólo se entera cuando recibe un imprevisto llamado desde Nueva York, donde el joven fue encarcelado por ejercer la prostitución callejera.

La aparición de Toby es un golpe difícil de asimilar para Bree (su existencia se debe a una diversión «lesbiana» en sus años de universidad, como él/ella dirá más tarde): no sólo por la complicada relación familiar que eventualmente pueda llegar a establecer con él, sino sobre todo porquesu propia psicóloga, que debe firmar junto con un médico legal la autorización formal para que pueda efectuarse la intervención de cambio de sexo, suspende el trámite hasta que no se produzca el conocimiento entre ambos.

Y allí empieza en verdad «Transamérica»: en el momento en que Bree, devastada por la novedad de saberse padre (lo último que hubiera esperadoen su vida), debe viajar a Nueva York, pagar la fianza para liberar a Toby, y emprender con él el largo y accidentado viaje de regreso, con la angustia de no perder el turno para la operación (debería, en caso contrario, esperar todo otro año). En el camino hay un nuevo mojón de importancia en el relato: la llegada de ambos a la casa natal de Bree, que introduce la puesta en escena del cuadro familiar compuesto por una madre desesperada y «negadora», un padre casi ausente, y una hermana burlona.

La composición del papel central que hace Felicity Huffman es convincente en lo dramático y en lo físico: Huffman es, indudablemente, una bella mujer (es una de las protagonistas de «Amas de casa desesperadas»), aunque al verla aquí en el papel de un hombre que quiere ser mujer jamás se deja de creerle: su comportamiento, sus inflexiones vocales y hasta la masculinización de sus rasgos le dan total credibilidad al papel. Kevin Zegers (Toby) está menos exigido, pero tiene sus buenos momentos en escenas como la del esclarecimiento, que se produce tras una de las instancias más delicadas del libro. La relación de Bree con sus padres no es lo más logrado, aunque es justo destacar que la película no cae jamás en tremendismos ni morbosidades a los que el tema era proclive.

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