Entre 1966 y 1976, además de exponer en Buenos Aires, Santiago de Chile, Caracas, Roma, Chartres (Francia), el artista gana el Premio Palanza 1967. Había un deseo por convertir a Buenos Aires en un espejo de Nueva York, verdadero espacio de legitimación en los '60, así como una probable inserción en el circuito internacional. En la muestra se exhiben aguafuertes inspirados en
Entre dos conos invertidos en cerámica coloreada muy trabajada con grafismos, una figura, también grotesca, hace equilibrio intentando llegar a su destino.
El sol del título, solitario, aparece suspendido en un extremo de la sala.
En general, las obras emergen de bases no convencionales, algunas apoyadas sobre arena o de envolturas a la manera de mortajas que tienen la apariencia de tela plegada. Una mirada abarcativa nos revela que
Dejá tu comentario