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23 de marzo 2006 - 00:00

Truculencia exclusiva para fans

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Una de las fortísimas escenas de «Hostel», film decididamente no apto para todas las sensibilidades, pero que apreciarán los amantes de este tipo de terror, mientras sus alaridos se mezclan con los del film.


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La historia comienza con los excesos juerguistas de dos compañeros de universidad abusando de los extremos holandesesen un tugurio de Amsterdam. Ahí se hacen amigos de un islandes que les gana lejos en audacia, pero no en sentido común. Dando por bueno el consejo de un desconocido, el trío no duda en enfilar hacia cierto hospedaje barato en un oscuro rincón centroeuropeo. Se supone que en ese sitio neotransilvano toda beldad eslava está dispuesta a dar todo sin recibir nada. Este es el punto de la película, la idea de que en sitios pobres, la gente con tarjeta de credito puede hacer lo que se le cante, y luego volver tranquilamente a Cincinatti.

Obvio, la carnada es tentadora (con topless, sólo para empezar) pero al éxtasis pronto sigue un mareo un poco mas fuerte que el de una simple resaca. A la mañana siguiente, un pasajero se ha ido del hostel sin avisar a sus amigos. Como nadie espera un comportamiento formal de un islandés y dos mochileros yanquis, la ausencia sin aviso ni despedida, se nota, pero no tanto como para perderse otra orgía en el Este europeo. El hermetismo del guión no llega a tanto como para no dar pistas sobre el paradero de los turistas que nadie debería extrañar. Mas que pistas, lo que da el director y guionista es un crescendo frío, cerebral, y eficaz como pocos. Si durante un primer acto sólo hay drogas, en el segundo ya tenemos sexo y en seguida rock & roll ( incluyendo hits del pop húngaro y tendones cortados).

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