Giovanna Casolla, la «Turandot» en
Beijing, que ahora se estrenó con un
tercer y nuevo final, compuesto por
Hao Weiya.
Beijing (EFE y Especial) - En el año del 150° aniversario de su nacimiento, uno de los homenajes más singulares a Giacomo Puccini ha sido el estreno, en Beijing, de su ópera inconclusa «Turandot», que llegó a estar prohibida en la China durante muchos años, hasta que llegó a representarse hace una década en la Ciudad Prohibida, con dirección de Zubin Mehta y puesta en escena del cineasta Zhang Yimou.
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Pero lo de ahora es distinto: la ópera subió a escena esta semana, en el espléndido Gran Teatro Nacional de Beijing, con un final añadido en el que la cruel princesa protagónica ofrece un perfil más amable.
Una nueva aria llamada «La primera lágrima», en la que la princesa Turandot muestra su metamorfosis gracias al amor de Calaf, y dos nuevos personajes para explicar ese cambio, son algunas de las propuestas del compositor chino Hao Weiya, elegido para hacer una versión «china» de la célebre ópera ambientada en Beijing.
La nueva versión de «Turandot», la tercera para esta ópera de casi 80 años, se representó del 21 al 26 de marzo, y la versión «nacionalizada» de Turandot despertó una gran expectación y no defraudó a los aficionados al bel canto. Las sopranos Giovanna Casolla y Sun Xiuwei compartieron el papel de Turandot en las representaciones, mientras que el príncipe persa Calaf recayó en los tenores Nicola Martinucci y los locales Dai Yuqiang y Wei Song.
El espectacular decorado, inspirado en la Ciudad Prohibida -a cien metros del teatro-, fue obra de Gao Guangjian, el mismo escenógrafo que en 1998 participó en la histórica representación de esta ópera en el interior del palacio imperial pequinés, primera que se hacía en China.
Puccini murió antes de poder dar un final a la ópera, segunda en la que se adentraba en la cultura asiática (tras «Madama Buterfly», ambientada en Japón. Durante su composición, el maestro de Lucca enfermó de un tumor en la laringe que fue lo que finalmente lo llevó a la tumba. Sin embargo, estudios recientes señalan que, en verdad, Puccini no sólo dejó inconclusa «Turandot» porque la enfermedad se lo impedía, sino sobre todo porque se encontraba bloqueado ante un final de libreto que él juzgaba absolutamente inverosímil. Puccini era un hombre de inmenso olfato teatral y no sólo musical, y sabía que el público no iba a aceptar un cambio tan radical de la protagonista, que en sólo unos minutos, sobre el desenlace, deja de lado su maldad asesina para transformarse en una mujer enamorada. En ese mismo sentido, el nuevo final chino intenta tornarlo más creíble.
Un primer final, en el que se intentó ser fiel a las anotaciones que dejó el italiano, fue añadido por Franco Alfano en 1925. El vanguardista Luciano Berio compuso un final alternativo en el 2002, por lo que el de Hao es el tercero que se crea para la historia de amor y adivinanzas de Turandot y Calaf.
El nuevo final dura 18 minutos y, según explicó su creador, «muestra el cambio en la naturaleza de Turandot» gracias al poder del amor y hace a Turandot «más creíble para el público chino», ya que según él la obra original no es fiel a la cultura oriental. Los dos nuevos personajes que Hao introduce son el espíritu de la princesa Loulin, antepasada de Turandot y que explica el origen de la crueldad de ésta, y el «ángel» Yuren, que ayuda a que la princesa se enamore de Calaf. Ninguno de ellos canta sino que bailan.
«Turandot» estuvo vetada durante décadas en China porque las autoridades consideraban que daba una mala imagen del país, a través de una princesa que mandaba al cadalso a los pretendientes que no fueran capaces de adivinar sus tres enigmas.
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