Buena repercusión en diversos medios internacionales tuvo el premio otorgado a «La ciénaga», de Lucrecia Martel, en el reciente Festival de Berlín. Se trata del premio Alfred Bauer a la Mejor Opera Prima. Todos coinciden en señalar la justicia del hecho, ya que era, de lejos, la mejor de las películas debutantes, y hasta agregan que «La ciénaga» merecía incluso algo más grande: un Oso de Plata, como el que ganó «La deuda interna», de Miguel Pereira, en 1988, que, como se sabe, fue la última vez que la Argentina resultó seleccionada para competir en la Berlinale. Pero esta vez los premios principales se repartieron entre Francia, China, Dinamarca y Taiwán.
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De todos modos, eso también causó buena repercusión, ya que en los últimos tiempos Berlín venía premiando sistemáticamente películas hollywoodenses en la antesala del Oscar, lo cual causaba bastante suspicacia. En esta última edición -y en vísperas de la renovación parcial de su directorio-las cosas cambiaron... lo cual ahora provoca suspicacias de signo contrario. Lo concreto es que Hollywood, presentando cuatro candidatas al Oscar, se llevó apenas un premio a la mejor actuación masculina (irónicamente, para un mexicano, Benicio del Toro). Martel se muestra contenta: su film recolocó a la Argentina en ese festival, y llegó al cuadro de honor, algo que sólo lograron siete de las 23 películas en competencia. Además, ya empezó a hacer ventas internacionales (España en primer término, seguida de Francia y Gran Bretaña) y pronto recibirá los merecidos homenajes nacionales, cuando inaugure el festival marplatense, y, especialmente, cuando se vea en su tierra salteña.
También se muestra contento el secretario de Cultura, Darío Lopérfido, aunque no hizo la película, y aunque la remanida frase oficial «ésta es una muestra más del buen momento que está atravesando el cine argentino» se da de bruces contra la realidad. La verdad es que el cine argentino se mantiene con flotadores. Por otra parte, ni siquiera es una frase original: ya hace varios años, y varios gobiernos, que los funcionarios y los diarios exitistas la vienen diciendo, apenas ven la oportunidad de montarse en un logro ajeno.
Muestra local
En el stand de cine argentino levantado dentro del European Film Market que acompañaba el festival berlinés, el director del INCAA, José Miguel Onaindia, y Claudio España, director artístico del festival marplatense, hicieron la debida presentación para la prensa internacional. Trascendieron de este modo los principales titulos que se verán a partir del 8 de marzo en Mar del Plata.
Se habla de unas 160 películas: 18 en competencia, otras 18 en retrospectivas de los franceses Olivier Assayas y Benoit Jacquot, diez fuera de concurso, 20 en La Mujer y el Cine, 51 en un espacio nuevo, llamado Punto de Vista, y el resto en una sección de cine latinoamericano y presentaciones especiales.
Varios films ya fueron vistos en enero en Punta del Este (los de Garci, Wong KarWai, Medeiros, Gronenbom, el último de Assayas), y/o ya tienen distribución comercial (los últimos de Altman, Tornatore, Hackford, el «Antes que caiga la noche», con Javier Bardem, etc.), lo que disminuye un poco su interés, pero también se anuncian «Merci pour le chocolat», del maestro Claude Chabrol, un documental sobre el gran director de fotografía Sven Nikvist, hecho por su hijo, una rareza sueca, «Canciones del segundo piso», de Roy Andersson, inspirado en versos de César Vallejo, la celebrada «Coronación» del chileno Silvio Caiozzi, las últimas de Asia Argento, Raoul Ruiz, Liv Ullmann, Kon Ichikawa, Sally Potter, Bertrand Blier, Denis Arcand, Andrzej Wajda, José Luis Borau, que presidirá el jurado, Krzystof Zanussi, el maestro de Kieslowski, y otras cuantas, muy mentadas y de la más variada procedencia.
Por su parte, La Mujer y el Cine anuncia todo un ciclo de la recordada directora Marta Mészáros -esperemos que venga-, y películas de Nana Djordjadze, Claire Denis, Lucia Murat, María Novaro y otras buenas autoras. Cabe celebrar la reaparición de esta sección. Desaparecen definitivamente, en cambio, la excelente Panorama Documental, y la sucesora de Contracampo.
No se anuncia nada -al menos por ahora-en el estilo de Contracampo. Es probable que ese tipo de material, cercano al cine-arte o de vanguardia, sea destinado al festival del Gobierno de la Ciudad, previsto para abril.
En cuanto a la competencia, las argentinas «Rosarigasinos», del debutante Rodrigo Grande, y «Contraluz», de Bebe Kamin, se enfrentarán a obras de Lea Pool, Jean-Pierre Denis,Ventura Pons, Felipe Cazals y otros realizadores igualmente atendibles, pero aún menos conocidos. Se extrañan los tiempos, no demasiado lejanos, en que a este mismo festival venían a competir películas de los hermanos Taviani, Pilar Miró, Agnieska Holland, Ricardo Franco, Vera Chitylova...
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