23 de abril 2009 - 21:36

«Un abogado enjaulado»

Rob Schneider, abogado atemorizado en la prisión: la autoindulgencia desordena y descontrola una comedia.
Rob Schneider, abogado atemorizado en la prisión: la autoindulgencia desordena y descontrola una comedia.
«Un abogado enjaulado» («Big Stan, EEUU, 2008, habl. en ingles) Dir.:Rob Schneider Int.: R. Schneider, David Carradine, Jennifer Morrison, Scott Wilson, Henry Gibson, M. Emmett Walsh.

Comediante que necesita alguien que lo contenga

Rob Schneider es un comediante talentoso, capaz de ponerse en la piel de los personajes mas desaforados en películas de colegas como Adam Sandler, y ocasionalmente en films donde él mismo es el protagonista, como «Deuce Bigalow Male Gigolo». En esta nueva «Un abogado enjaulado», pone a prueba los límites del espectador en materia de tolerancia a la comedia negra e incorrección política, ya que siendo él quien dirigió la película no parece hubo nadie que le haya puesto frenos en cuanto a los numerosos chistes guarros, algunos eficaces, otros no tanto.

Schneider interpreta al abogado del título, un desalmado experto en negocios turbios que, cuando es apresado por la ley, se desespera ante la idea de las cosas horribles que podrían sucederle en prisión. En primer término, lo que más lo aterra es la posibilidad de ser sometido sexualmente por sus compañeros de encierro, por lo que consigue un aplazo a su reclusión para poder tomar lecciones de artes marciales con un misterioso gurú (nada menos que David Carradine).

El aprendizaje lo convierte en un experto en defensa personal listo no sólo para protegersede los otros convictos, sino también para poner orden e inclusive armonía en ese infierno enrejado, detalle que probablemente no sea lo más conveniente para el corrupto guardián a cargo del establecimiento.

Que un actor cómico se dirija a sí mismo a veces no es lo más conveniente, y este es un caso donde la autoindulgencia desordena y descontrola una historia que no deja de tener sus aristas originales y momentos divertidos, El principal problema es quizá lo episódico de la estructura argumental, y el desaprovechamento del buen grupo de actores secundarios que acudieron a la convocatoria de Schneider, lo que no implica que no se disfruten las breves apariciones de intérpretes de lujo, empezando claro por David Carradine, más otros veteranos como Henry Gibson y M. Emmett Walsh.

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