22 de marzo 2001 - 00:00
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Jorge Calandrelli.
Para empezar, en todos los sites de Internet dedicados a las bandas de sonido de cine, la partitura de Tan Dun de «El tigre y el dragón» es la más votada por el público especializado en música de cine. Y, como explica Calandrelli durante la larga entrevista telefónica con este diario, «una vez que están dadas las nominaciones, que quizá sea el premio más importante, en cada rubro votan todos los miembros de la Academia y no sólo los representantes de cada especialidad. Entonces un factor muy importante es la popularidad de cada película, su éxito, ya que muchas veces los miembros votan al éxito de un film».
Periodista: ¿Cómo se relacionó con el proyecto «El tigre y el dragón»?
Jorge Calandrelli: Me llamaron cuando ya la película estaba casi terminada. El visionario de «El tigre y el dragón» fue Peter Gelb, el presidente de Sony Classical, que apostó al éxito masivo de una película que todos considerábamos un producto del circuito de cine de arte, tipo «Cinema Paradiso». Gelb fue el que hizo incluir la canción de «Titanic», cuya banda de sonido vendió 28 millones de CD, y pensó que una canción pop al final de la película le daría al film un atractivo mayor y para un rango de público más amplio. Pero Tan Dun, el músico que compuso la partitura, tiene una formación clásica que no le sirve para hacer una canción pop. Entonces me llamaron a mí. La letra de la canción la escribió el productor de la película, James Schamus, y Tan Dun figura como coautor de la música, pero no por haber compuesto la canción conmigo, sino debido a que mi tema se inspira en algunos elementos de su música.
P.: En 1985, cuando lo nominaron por «El color púrpura», de Spielberg, compartía la nominación con mucha más gente.
J.C.: Sí, éramos nueve. Lo que pasa es que Quincy Jones pensó originalmente en una banda de sonido con temas de jazz, pero Spielberg, acostumbrado a trabajar con John Williams, le pidió una banda sonora sinfónica. Y Quincy se vio superado, por lo que decidió hacer como Alfred Newman en «El manto sagrado» y coordinar distintas composiciones de otros músicos. Como éramos nueve, todos estuvimos de acuerdo en que si llegábamos a ganar, sólo daría un discurso Quincy en nombre de todos. Ahora, con la canción de «El tigre y el dragón» sólo somos tres, así que cada uno tiene que preparar unas palabras.
P.: ¿Cuál fue su primer contacto con la música para cine?
J.C.: Fue en la Argentina, en los años '70, antes de irme al exterior. Trabajé en «Sola», de Raúl de la Torre, que es un gran amigo, y en «Soñar Soñar», de Leonardo Favio. Esa película estaba muy adelantada a su época, era muy buena, pero tenía un surrealismo que en ese tiempo nadie pudo entender. Y mi primer trabajo en el cine de Hollywood fue «El resplandor», de Stanley Kubrick.
P.: ¿Cómo llegó a Kubrick?
P.: ¿Entonces no conoció a Wendy Carlos, antes de su cambio de sexo, cuando se llamaba Walter Carlos?
J.C.: No, siempre la conocí en su versión Wendy, una señora encantadora, muy simpática. Dicen que antes de su operación tenía un carácter muy introvertido. La gente que la conocía como Walter se sentía un poco incómoda con Wendy, pero como yo sólo la conocí así, no tuve ese problema. De cualquier modo, a mí lo que me importa es la música, y Wendy es una pionera de la música electrónica, algo que siempre me interesó mucho. En «Tron», la primera película de animación digital, mezclamos sintetizadores con una gran orquesta y un coro de 40 voces, aunque en el corte final los ejecutivos de Disney quisieron poner el énfasis en los sonidos electrónicos y las partes orquestales están en menos escenas. Esa fue una película totalmente vanguardista, hablaba en términos de computación que la gente aún no entendía. Recién fue un éxito en video.
P.: ¿Puede adelantarnos su próximo proyecto en cine?
J.C.: Acabo de firmar un contrato para una película muy grande. Con gente muy importante. Va a ser algo grande. Pero por contrato aún no puedo dar detalles. Lo único que puedo decir es que mi próximo trabajo en cine es en una producción con un presupuesto de 100 millones de dólares.




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