22 de marzo 2001 - 00:00

Un argentino enfrenta a Björk, Bob Dylan y Sting en el Oscar

Jorge Calandrelli.
Jorge Calandrelli.
"Me encanta la mezcla entre orquesta sinfónica y sintetizadores. Para los arreglos de mi tema en la ceremonia del Oscar agregué a la orquesta de Bill Conti, que es una de las mejores del mundo, tres sintetizadores para doblar bronces y otros instrumentos. Le doy así un sonido contemporáneo, un 'cuttin edge' muy especial", dice a este diario desde Los Angeles el músico argentino Jorge Calandrelli.


Aunque no puede adelantar mucho sobre la ceremonia de premios de la Academia, que tendrá lugar este domingo, Calandrelli, nominado al Oscar por la canción del film «El tigre y el dragón», dice que «el número de mi canción está lleno de efectos especiales digitales para que haya gente volando por todos lados».

Con un Grammy ganado por su trabajo con Tony Benett y Winton Marsalis, «Chelsea Bridge», otras 15 nominaciones a ese premio de la industria discográfica, más una nominación anterior al Oscar por su colaboración con Quincy Jones en «El color púrpura», de Steven Spielberg, Jorge Calandrelli es uno de los músicos argentinos de mayor proyección y prestigio internacional junto a su amigo Lalo Schifrin («al que conozco desde la Argentina, cuando yo tenía 16 años y me colaba en un cabaret para poder escucharlo»).

Aunque sus competidores son figuras verdaderamente temibles (nada menos que Sting, Björk, Randy Newman y el mismísimo Bob Dylan), hay varios motivos por los que la canción de «El tigre y el dragón» se cuenta entre las favoritos para alzarse con una estatuilla.

Para empezar, en todos los sites de Internet dedicados a las bandas de sonido de cine, la partitura de Tan Dun de «El tigre y el dragón» es la más votada por el público especializado en música de cine. Y, como explica Calandrelli durante la larga entrevista telefónica con este diario, «una vez que están dadas las nominaciones, que quizá sea el premio más importante, en cada rubro votan todos los miembros de la Academia y no sólo los representantes de cada especialidad. Entonces un factor muy importante es la popularidad de cada película, su éxito, ya que muchas veces los miembros votan al éxito de un film».

Consultado sobre los otros nominados en la categoría mejor canción, Calandrelli menciona con especial respeto el nombre de Bob Dylan. «Aun cuando su tema para el film 'Fin de semana de locura' no es exactamente lo mejor que ha hecho, siempre es Bob Dylan. No creo que vaya a aparecer en la entrega de premios, o al menos no se sabe, quizás haya más secretos de los que yo puedo saber. En todo caso, el que sí va a estar es Randy Newman, que ayer, en los ensayos, bromeaba diciendo que era imposible que le den el premio a él. Ya debe andar por su duodécima nominación y nunca le dan el Oscar», comenta risueño, y agrega: «De mis 16 nominaciones al Grammy sólo gané una, la número 14. Creo que lo que importa es llegar hasta esta instancia, porque la candidatura surge del voto de los músicos, mientras que la estatuilla surge del voto general, y entonces se convierte en una lotería».

Periodista: ¿Cómo se relacionó con el proyecto «El tigre y el dragón»?


Jorge Calandrelli
: Me llamaron cuando ya la película estaba casi terminada. El visionario de «El tigre y el dragón» fue Peter Gelb, el presidente de Sony Classical, que apostó al éxito masivo de una película que todos considerábamos un producto del circuito de cine de arte, tipo «Cinema Paradiso». Gelb fue el que hizo incluir la canción de «Titanic», cuya banda de sonido vendió 28 millones de CD, y pensó que una canción pop al final de la película le daría al film un atractivo mayor y para un rango de público más amplio. Pero Tan Dun, el músico que compuso la partitura, tiene una formación clásica que no le sirve para hacer una canción pop. Entonces me llamaron a mí. La letra de la canción la escribió el productor de la película, James Schamus, y Tan Dun figura como coautor de la música, pero no por haber compuesto la canción conmigo, sino debido a que mi tema se inspira en algunos elementos de su música.

P.: En 1985, cuando lo nominaron por «El color púrpura», de Spielberg, compartía la nominación con mucha más gente.


J.C.:
Sí, éramos nueve. Lo que pasa es que Quincy Jones pensó originalmente en una banda de sonido con temas de jazz, pero Spielberg, acostumbrado a trabajar con John Williams, le pidió una banda sonora sinfónica. Y Quincy se vio superado, por lo que decidió hacer como Alfred Newman en «El manto sagrado» y coordinar distintas composiciones de otros músicos. Como éramos nueve, todos estuvimos de acuerdo en que si llegábamos a ganar, sólo daría un discurso Quincy en nombre de todos. Ahora, con la canción de «El tigre y el dragón» sólo somos tres, así que cada uno tiene que preparar unas palabras.

P.: ¿Cuál fue su primer contacto con la música para cine?


J.C.:
Fue en la Argentina, en los años '70, antes de irme al exterior. Trabajé en «Sola», de Raúl de la Torre, que es un gran amigo, y en «Soñar Soñar», de Leonardo Favio. Esa película estaba muy adelantada a su época, era muy buena, pero tenía un surrealismo que en ese tiempo nadie pudo entender. Y mi primer trabajo en el cine de Hollywood fue «El resplandor», de Stanley Kubrick.

P.: ¿Cómo llegó a Kubrick?

J.C.: Mi amigo Héctor Stratta me invitó a una fiesta de los Grammy en Nueva York. Yo estaba haciendo unas orquestaciones y no tenía ganas de ponerme un smoking; le dije que no quería ir. Pero él insistió y en medio de la fiesta aparece la representante de Wendy Carlos, desesperada, y le dice a Stratta que Wendy no sabe qué hacer, porque había compuesto toda la música para «El resplandor» con sintetizadores y de golpe Stanley Kubrick había decidido que quería una gran orquesta. Traducir sintetizadores a orquesta sinfónica es algo muy raro, lo común es la inversa, así que la preocupación de Wendy Carlos era comprensible. Enseguida estaba viajando a Londres para hacer esos arreglos complicadísimos. La música de Wendy se usó muy poco en el corte final, porque lo que pasó fue que Kubrick se enamoró de la música de Penderecki y Stockhausen que utilizaba como «temp music», el playback para dar clima en el rodaje.

P.: ¿Entonces no conoció a Wendy Carlos, antes de su cambio de sexo, cuando se llamaba Walter Carlos?


J.C.:
No, siempre la conocí en su versión Wendy, una señora encantadora, muy simpática. Dicen que antes de su operación tenía un carácter muy introvertido. La gente que la conocía como Walter se sentía un poco incómoda con Wendy, pero como yo sólo la conocí así, no tuve ese problema. De cualquier modo, a mí lo que me importa es la música, y Wendy es una pionera de la música electrónica, algo que siempre me interesó mucho. En «Tron», la primera película de animación digital, mezclamos sintetizadores con una gran orquesta y un coro de 40 voces, aunque en el corte final los ejecutivos de Disney quisieron poner el énfasis en los sonidos electrónicos y las partes orquestales están en menos escenas. Esa fue una película totalmente vanguardista, hablaba en términos de computación que la gente aún no entendía. Recién fue un éxito en video.

P.: ¿Puede adelantarnos su próximo proyecto en cine?


J.C.:
Acabo de firmar un contrato para una película muy grande. Con gente muy importante. Va a ser algo grande. Pero por contrato aún no puedo dar detalles. Lo único que puedo decir es que mi próximo trabajo en cine es en una producción con un presupuesto de 100 millones de dólares.

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