“En muchos casos se concibe al artista como un elemento en los márgenes de la sociedad, la figura “del artista muerto de hambre”. Quizás tiene que ver con la relación entre la vocación artística y la posibilidad de profesionalización, la relación entre arte y dinero, que parece haber sido desde siempre muy problemática”, dice Mónica Fracchia, quien celebra los 28 años de la Compañía Castadiva.
Se presenta con "Conversaciones imaginarias con el público", que cruza la danza con los textos del ilustrador español Juanjo Sáez y cuenta con 9 bailarines que vienen de mundos distintos (desde el tap hasta el folklore) generando un cruce con la música va de Tchaikovsky a María Elena Walsh, con canto en vivo y mucho humor. Se presentará los sábados de abril a las 21 en Área 623 (Pasco 623). Conversamos con Fracchia.
P.: ¿Cuál es el secreto para cumplir casi 30 años con una compañía de danza?
Mónica Fracchia: Tozudez, paciencia, ganas de crear, pasión por la danza. No necesariamente en ese orden. Podría decir que, si bien no puedo vivir de la danza (económicamente hablando), tampoco puedo vivir sin ella. Es un proyecto en el que creí desde el comienzo, tanto como espacio de creación, en diálogo con los bailarines y bailarinas de la compañía, así como también con las personas que diseñan y hacen vestuario, luces, puesta, como en términos de desarrollo y aprendizaje, tanto de la coreógrafa como de los demás integrantes. Las compañías y las artes escénicas en general tienen esta particularidad de que conforman colectivos, una suerte de familia o cooperativa, y esto es algo propio de la disciplina que enriquece mucho el trabajo de creación y de formación. Creo que es importante también en términos de generación de comunidades y del fortalecimiento de los vínculos en general, en el campo del arte, y en particular en un ámbito tan difícil de sostener en el tiempo (por falta de financiamiento) como lo es el de la danza independiente.
P.: ¿Cómo está la disciplina de la danza hoy en Argentina?
M.F.: El panorama es hoy muy diverso, muy rico. Hay para todos los gustos. Felizmente hay personas dentro de la danza que tienen una gran creatividad y que apuestan al ámbito independiente, con las limitaciones económicas que esto significa, y que montan nuevas obras y proyectos. Los ballets oficiales, por otro lado, excelentes, continúan su derrotero con propuestas artísticas muy interesantes. Son dos espacios del arte que por supuesto están conectados y se alimentan entre sí, la danza independiente y los ballets oficiales. Hay que destacar el papel de las compañías y ballets de las diferentes provincias, done también existen ballets oficiales, tanto clásicos como contemporáneos, que pelean sus presupuestos para poder continuar ofreciendo espectáculos de calidad.
P.: El ilustrador español consiguió hablar sobre temáticas vinculadas con el arte sin recurrir a formulaciones complejas tomadas de la Academia, por lo general muy cargadas de intelectualismo, ¿cómo lo logró ?
M.F.: Creo que la figura del historietista es fundamental a la hora de pensar en este tipo de operaciones, y es a partir de esa práctica, que Juanjo Sáez consigue dar, con sus ilustraciones y también con sus textos, cierta liviandad a temas que muchas veces son abordados desde perspectivas más académicas. Realiza un trabajo muy interesante en estas conversaciones imaginarias con su madre, en la que le describe ciertas tendencias del arte moderno y contemporáneo explicando de manera simple y sencilla las diferentes facetas de estas expresiones. Llevar estas cuestiones a la escena como un diálogo con el público desde un lugar no académico o no tan intelectual me parece importante, y a mi entender también resulta en un espectáculo divertido.
P.: ¿Cómo logran ejecutar una banda sonora múltiple y compleja que incluye a Tchaikovsky, Secret Garden o María Elena Walsh?
M.F.: En el caso de Conversaciones imaginarias con el público primero imaginé las escenas y luego seleccioné la música que me parecía adecuada, y que además me gusta escuchar. Al sumar la música, intenté que se ajustara a los movimientos como un guante, como si hubiera sido creada para mi coreografía. Tengo otras obras en las que la música da el puntapié inicial, y es lo que ofrece la motivación para el desarrollo coreográfico. En este caso fue a la inversa. Creo que este tipo de combinaciones, si se quiere, de estilos de música que uno no suele escuchar juntos, tiene que ver con uno de los aspectos que me interesan de la danza contemporánea, y es que percibo una suerte de carácter integrador, un lenguaje que se sirve de otros lenguajes, diferentes entre sí, para explorar nuevas modalidades de expresión por el movimiento.
P.: ¿La propuesta me recuerda esto a la serie “Bellas Artes”. ¿Qué es eso del prejuicio de que los artistas son gente “de mal vivir”?
M.F: Creo que esto de la gente de mal vivir es una idea que está muy ligada a la figura del artista, ¿no? En muchos casos se lo concibe como un elemento en los márgenes de la sociedad, la figura “del artista muerto de hambre”. Creo que quizás tiene que ver con la relación entre la vocación artística y la posibilidad de profesionalización del artista, la relación entre arte y dinero en última instancia, que parece haber sido desde siempre muy problemática. También uno puede pensar que es ese carácter “marginal” lo que le permite al artista expresarse de formas alternativas, si se quiere, desarrollar un lenguaje propio.
P.: ¿Cuáles son esos conceptos estereotipados, clichés o dichos populares que aparecen en las conversaciones sobre el arte y los artistas?
M.F.: Creo que es una idea poderosa porque nos interpela en algo que todos “sabemos”, porque es un cliché. Creo que es una imagen del artista con la que es fácil relacionarse. Me parece importante, y también divertido, poner en discusión esos conceptos estereotipados; después de todo se trata de ideas que justamente quedan tan consolidadas que dejan de generar preguntas y diálogo. Creo que volver sobre todo a aquello que tomamos como dado es un trabajo de reflexión importante, y nos ayuda a pensar, en este caso, cuál es el lugar que le damos al arte y a los artistas. Las artes, la historieta, las artes escénicas, la danza, son espacios válidos de reflexión sobre estas cuestiones y que por su propia naturaleza ofrecen la posibilidad de “desencajar”, de alguna manera, ideas o categorías que tomamos como dadas.
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