La guerra había terminado en 1944. Pero, por largo tiempo, los odios siguieron firmes. Cuando en 1951 Sigfried Lenz presentó a la editorial Hoffman und Campe el manuscrito de “El desertor”, la persona que debía decidir su publicación, Otto Goerner, lo devolvió con estas palabras: “Inconcebible, extremadamente peligroso en las circunstancias actuales”. Por entonces, los desertores del ejército alemán todavía eran mirados como traidores a la patria. O, cuanto menos, cobardes dignos del mayor desprecio. En todos lados pasa algo similar, pero en Austria y Alemania, tras años de mentalización nacional-socialista, ese sentimiento era tremendamente fuerte.
Un desertor que debió esperar casi 65 años
Se basa en la novela del alemán Siegfried Lenz, a quien ningún editor se la quiso publicar en 1951, tras la guerra, y apareció póstumamente en 2016.
-
María Negroni sobre sus últimos dos libros: "Son variaciones de una misma poética"
-
El emotivo elogio de la fotógrafa de AC/DC para el público argentino: "Buenos Aires, fuiste inolvidable"
El desertor. La miniserie basada en la novela de Lenz se estrena hoy.
“Un soldado puede morir. Un desertor debe morir”, había escrito Adolf Hitler en “Mi lucha”, y con semejante máxima 23.000 desertores fueron fusilados a lo largo de la guerra, en juicios sumarísimos. Una enorme diferencia con los apenas 48 fusilados durante la Primera Guerra Mundial, o el único caso del sector angloestadounidense, el soldado Eddie Slovik (sobre el que Frank Sinatra quiso hacer una película). Otros 7.000 sufrieron años de cárcel militar, y “muerte civil” al regresar después de la guerra a sus pueblos, donde eran mirados con asco infinito. Ni hablar si alguien, en algún momento, se había pasado al enemigo, por conveniencia o por coincidencia ideológica. De la condena no se salvaron ni los campesinos más atentos a la tierra y los animales que al servicio militar, ni los objetores de conciencia. 400 testigos de Jehová fueron decapitados, y casi el triple murió en la cárcel. Recién en 1990 pudo armarse una Federación de Víctimas de la Justicia Militar Nacionalsocialista, y, tras continuas presiones, los tribunales empezaron a revisar los expedientes de esos tiempos. En 2002, tardíamente, el Parlamento alemán levantó todas las sentencias. Y recién en 2016 se publicó la novela. Para entonces, Siegfred Lenz ya había muerto.
De joven sirvió como soldado de la Werhrmacht en el frente oriental, hasta que un día se marchó, y no fue el único. De eso habla su novela. Después se hizo escritor, y alcanzó popularidad como novelista y ocasional guionista (p.ej. el policial “Atraco”, 1963, coescrito con Curt Siodmak). De la novela de suspenso “El buque faro” Jerzy Skolimowski hizo una excelente película con Robert Duvall y Klaus María Brandauer, “Proa al infierno”. Hay una versión posterior, “Das Feuerschiff”, de Florian Gartner, y decenas de telefilms basadas en otras de sus novelas. Hoy Europa Europa estrena la adaptación de “El desertor” como miniserie en dos capítulos.
Rodada en Cracovia y bosques polacos, esta miniserie alemana cuenta la historia de un joven que, tras unos días de licencia, y un accidentado viaje en tren donde se enamora de una linda joven, vuelve a su unidad militar, que encuentra desmoralizada y asediada por grupos irregulares (a uno de ellos pertenece la antedicha joven). Cabe advertir, la adaptación se toma sus libertades, y la producción privilegia caras bonitas y vestuario limpio, no muy verosímil, pero como sargento a cargo aparece uno de esos actores que vuelven creíble casi cualquier papel, Rainer Bock. La chica es Leonie Benesch, la Greta de la serie “Babylon Berlin”, y el director es Florian Gallenberger, aquí conocido por el biopic “John Rabe”, sobre el empresario, nazi sincero, que en 1937 intentó proteger a los chinos frente a la sangrienta invasión japonesa de Nankin (250.000 muertos civiles), y luego denunció ese salvajismo al gobierno nazi, que como toda respuesta lo encarceló “por difamar a un país aliado”. Sobre ambas obras ha dicho Gallenberger “Situaciones como éstas nos recuerdan que no hay respuestas fáciles en la vida”. Seguramente tuvo una motivación personal para hacer “El desertor” en la misma Polonia. Su abuelo fue soldado, murió en ese país, y la familia nunca pudo saber dónde quedaron sus restos.




Dejá tu comentario