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24 de julio 2007 - 00:00

Un pequeño festín de ópera

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La soprano Marisú Pavón y el bajo Walter Schwartz, protagonistas del entremés de Pergolesi «La serva padrona».
«La serva padrona». Intermedio cómico en dos partes. Mús.: G. B. Pergolesi. Lib: Federico. Régie y vestuario: S. Pelacani. Dir. S. Antonini. Conjunto «La Cetra da Camera». (Centro Cultural Ricardo Rojas).

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Lo más trascendente, quizás, de esta nueva puesta en escena del intermezzo en dos partes de Giovanni Battista Pergolesi, «La serva padrona», es la incorporación de un nuevo espacio para el género lírico: la sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA). Un lugar alternativo más para la creciente demanda de un público interesado por presenciar espectáculos de ópera que excedan los marcos habituales de los teatros oficiales y de algunas compañías independientes.

Prestigiada por una actividad que abarca los nuevos lenguajes teatrales, performáticos y de danza, la sala mayor del Rojas suma ahora la actividad lírica, en esta primera experiencia algo tímida pero que no deja de ser un paso firme.

Esta obra es solo un intermedio que Pergolesi compuso para la ópera «Il Prigioniero Superbo», algo que se representaba entre sus actos de la misma. La nueva producción brilló sobre todo por la desinhibida actuación de la pareja protagónica: Serpina y Uberto. Con interesantes calidades vocales, ambos cantantes profundizaron su actuación según la modalidad de la ópera de la época -siglo XVIII-, amoldándose a los caracteres de los personajes bufos que con el correr del tiempo ocuparían un lugar predominante en la ópera italiana del siglo XIX, en Rossini y Mozart, por citar los más celebres.

Condiciones técnicas y afinación precisas, tanto la soprano Marisú Pavón y el bajo Walter Schwartz diseñaron dos personajes rebosantes de humor y musicalidad, equilibrando las exigencias vocales con las teatrales. En un personaje mudo, proveniente de la commedia dell'arte, el regisseur Sergio Pelacani actuó con simpatía el tercer personaje del intermezzo. Su puesta en escena y vestuario ambientaron con atmósfera dieciochesca las acciones sencillas, siempre en estilo y si bien de limitados medios, de grata visualidad.

La Cetra da Camera es un cuarteto de violines y violoncello barrocos y clave, que acompañó con estilo el desarrollo dramático de «La serva padrona», aunque su afinación fuera errática en más de una ocasión, un mal endémico de los instrumentos llamados «históricos». Entre la primera parte y la segunda, La Cetra, dirigida por Sergio Antonini, tocó música instrumental adicional del mismo Pergolesi (Sinfonía en Fa mayor) y de Domenico Gallo (Sonata IV).

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