15 de noviembre 2007 - 00:00
Una abstracta música nocturna
-
Netflix adquirió los derechos del nuevo especial de comedia de Ricky Gervais
-
La tercera temporada de "House of the Dragon" romperá con una tradición de la saga, según el creador de la serie
Enrique
Piñeyro (que
en este film
declara que
no le gusta
volar) y Silva
Arazi en el
nocturno
opus de
Filipelli.
Escribe Marcelo Zapata das o referencias indirectas a personajes reales del elenco cultural porteño -que las hay, desde luego, empezando por el nombre del protagonista en la ficción y autor también de los textos sobre música que se leen. Eso forma parte de la intimidad de un film que se abre, musical y conceptualmente también, para quienes quieran dejarse llevar por él.
En el deambular nocturno de Federico (impecable interpretación de Piñeyro) no molesta nunca el sol: como presa acorralada, contenida, no se atreve nunca a terminar con su libro, dar la última palabra. Terminarlo sería quedar en falta con las buenas opciones que quedarán necesariamente al margen, y por eso no opta, no crea. Destruye.
Tampoco se atreve a abandonarse al irrisorio e inaceptable sentimiento de los celos. Le regaló hace unos años a Cecilia una grabación de Gesualdo que ella parece no apreciar (también de Gesualdo y sus enfermizos celos asesinos se ocupó hace algunos años Werner Herzog).
Sin embargo, ella prefiere -si es que prefierealgo-a Olivier Messiaen, cuyo carácter sacro percibe tan poco como el de Gesualdo, o espante con igual fastidio que a los inoportunos vendedores de Biblias que llaman a la puerta. ¿Qué es lo que cela Federico? No se sabe. Oscura música nocturna, el amor sin amor: un dúo que va hacia el fin de su tiempo, confinado en ese piso céntrico como en un campo de concentración, y musicalizado por Filipelli con la libertad del artista que tampoco tiene que decir la última palabra, aunque la sugiera. Como la música.



