11 de agosto 2005 - 00:00

Una fantasía futurista con formidable acción

Aun reconociendo que las escenas de acción no aportanal concepto central de La isla (la clonación humana), sontan potentes e imaginativas que valen por sí mismas.
Aun reconociendo que las escenas de acción no aportan al concepto central de "La isla" (la clonación humana), son tan potentes e imaginativas que valen por sí mismas.
«La Isla» («The Island», EE.UU., 2005, habl. en inglés).Dir.: M. Bay. Int.: E. McGregor, S. Johansson, D. Honusou, S. Bean, S. Buscemi, M. Clarke Duncan, E. Phillips.

Intentando prepararse para salvar a la raza humana, unos pocos cientos de sobrevivientes del Armagedon radioactivo soportan una existencia rutinaria donde lo más importante es la vida sana y las buenas maneras. El sexo es un concepto desconocido, el más mínimo contacto físico está prohibido -y vigilado por amables «censores»-, todo el mundo está obligado a hacer trabajos rutinarios que no le interesan a nadie, y la única emoción es la posibilidad de ganar la lotería para irse a vivir a La Isla, el único sitio sin radiación en la Tierra.

Las primeras escenas de «La Isla» prometen un calco de la típica falsa utopía futurista inspirada en Huxley, Orwell y H.G.Wells achicando las ideas al nivel de una matiné adolescente con vehículos que flotan, sociedades hipercontroladas que ocultan secretos ominosos, y rubias sexys pero inocentes que se dejan arrastrar en una desesperada búsqueda de la verdad.

El espectador sospechará rápidamente de esos viajes a La Isla. La pobre gente del futuro en cambio es más confiada, casi lela, al punto de que todos los adultos toman lecciones de cosas de escuela primaria, y sólo ven viejos dibujos animados. Algunos tienen berrinches momentáneos, pero sólo Ewan McGregor tiene una frustración mayor que no ganar la lotería: aunque él se siente en plena forma, nunca le dejan desayunar huevos con panceta. Eso no le gusta nada, lo mismo que nunca tener ropa de colores, tener que ir a ver al jefe médico cada vez que tiene una pesadilla, lo que sucede casi todos los días. Ewan es un espíritu inquieto que no duda en recorrer los sectores con riesgo radioactivo sólo para ver a un operario sabio que le convida unos tragos de una bebida desconocida que lo ayuda a persistir en sus cuestionamientos.

Toda esa primera parte simpática y apenas menos liviana que la dieta del protagonista pronto se vuelve algo dramático, terrible y truculento en la mejor tradición del legendario thriller quirúrgico de Michael Crichton, «Coma». Y por momentos sorprende la manera cruda e irónica con la que esta megaproducción arremete con un tema tan actual y difícl como el debate moral sobre la clonacion de seres humanos. Se mezclan los chistes gays con secuencias de violencia fuerte, masacres de proporciones épicas en las calles de una Los Angeles futurista, no contaminada, pero que con tanto descontrol luce como si estuviera a punto de ser borrada del mapa. Entre tanto condimento hasta hay una versión ligeramente perversa del tema del doble (dos McGregor con una sola Scarlett Johansson).

Nadie podría esperar moderación del director de «Armagedon» y «Pearl Harbor», que con tanta mezcla y sin su habitual productor Jerry Bruckheimer logra su mejor película desde «La Roca». Porque, gratuitas o no, las escenas de superacción de «La Isla» son formidables en sí mismas, y aun reconociendo que no aportan al concepto central de la película, son tan contundentes, intensas e imaginativas como para que nadie se queje en absoluto, al menos mientras explotan en la pantalla. Lástima el desenlace obvio con música new age, y que no hayan clonado al personaje de Buscemi para que se robe un par de escenas más con su humor negro inigualable.

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