3 de diciembre 2007 - 00:00

Velázquez, artista que el mercado sueña ofrecer

«La Venus del espejo», el único, bellísimo, desnudo probado de Velázquez, que la National Gallery prestó al Museo del Prado, bajo extremas medidas de seguridad y un seguro de u$s 200 millones.
«La Venus del espejo», el único, bellísimo, desnudo probado de Velázquez, que la National Gallery prestó al Museo del Prado, bajo extremas medidas de seguridad y un seguro de u$s 200 millones.
La pintura española del siglo XVII está repleta de temas religiosos y mitológicos y, también, de retratos, pero no de desnudos ya que la Inquisición no lo hubiera permitido.

Contemporáneamente a realizar su obra cumbre, «Las Meninas», Diego de Silva Velázquez (1599-1660), pintó en Italia el más bello cuerpo femenino de que se tenga memoria. Su modelo fue Olimpia Triunfi, una joven de 20 años, pintora también conocida como Flaminia, con quien el artista tuvo un hijo adulterino llamado Antonio que falleció de pequeño. El Rey había enviado a Italia a su intendente de Palacio y pintor de Cámara a comprar pinturas y esculturas, para completar sus ya numerosas colecciones. Pasado bastante tiempo, el Rey lo intima a que vuelva, pero don Diego estaba feliz con su amante, tenía casi 50 años y una buena reputación; además, lo nombraron académico y disfrutaba de la libertad italiana frente a la rigidez de la España de esos tiempos, cuando los desnudos eran considerados algo deshonesto y los puritanos veían en sus mentes aquello que el autor no quiso significar.

Velázquez hizo la apología de la belleza, y el cuerpo femenino sin duda lo es. No pensó lo mismo una feminista, que en 1914, le clavó 7 cuchillazos a nuestro desnudo favorito. Esta obra también demuestra la admiración del autor por su colega Caravaggio, que hacía de los desnudos una moneda corriente.

Diego de Velazquez es un pintor realista y ésta es, quizá, la obra que lo demuestra más cabalmente. Y por aquello de que toda obra de arte es un autorretrato, en ella lo tenemos al autor desnudo de cuerpo y alma. Algunos dicen que Velázquez pintó otros dos desnudos, pero eso parece más leyenda que realidad.

La bella obra fue adquirida en 1651 por el primer ministro de la época de Felipe IV, Gaspar Méndez de Haro, un hombre de fama dudosa, libertino y mujeriego, uno de los pocos que osaría colgar en su palacio una obra tan carnal y sensual, a quien el artista le envió el retrato desde Italia.

Con los años, el desnudo pasa a unos coleccionistas británicos de la localidd de Rokeby. Es por ello que a esta obra se la suele llamar «La Venus de Rokeby». También es conocida como «La Venus del espejo», ya que Cupido (el dios del amor, hijo de Marte y Venus) le sostiene el espejo para que vea su borroso rostro. Los lazos rosa que cuelgan de Cupido son alusión a las ataduras del amor que padecía Velázquez y también el marqués de Haro y hasta el rey Felipe IV.

En 1905 la obra es adquirida por la National Gallery de Londres y pocas veces ha salido de sus salas. El mes pasado con extremas medidas de seguridad y con un seguro que superó los 200 millones de dólares, la bellísima dama viajó a Madrid donde podrá ser disfrutada hasta fin de febrero en el remozado Museo del Prado. Ya había visitado ese Museo en 1960 y en 1990, donde la vieron un millón de personas. Las otras estupendas 24 obras de Rubens, Caravaggio, El Greco, Zurbarán y Tiziano, entre otros, que se exponen, son meros partenaires de este cuadro sutil y altamente poético.

De las cerca de 130 obras que pintó Velázquez en toda su vida, 100 son retratos. Ahora se pueden ver las 28 que no lo son, y ése es el mayor atractivo de la muestra. Algunas son de la colección del museo madrileño, pero hay cuatro que vienen de Londres y otra de Dublin.

Entretanto, la National Gallery de Londres está exponiendo la muestra más exitosa de su historia dedicada a Velázquez y cerca de 300.000 personas la están visitando hasta enero en que finaliza. Ocho de las obras son préstamos del Museo del Prado y aunque recauden un millón de dólares por entradas y mercadeo, no pagaran los gastos de seguro ni de montaje.

No hay obras del genio de Velázquez en el mercado de arte y cuando aparecen, como ocurrió este año, las dudas sobre la atribución y autoría hacen que no se vendan en los precios que merece una obra firmada por él.

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