16 de febrero 2006 - 00:00

Viñetas del maccarthismo que requieren información previa

David Strathairn interpreta al periodista Edward R. Murrowen «Buenas noches y buena suerte», de George Clooney.
David Strathairn interpreta al periodista Edward R. Murrow en «Buenas noches y buena suerte», de George Clooney.
Buenas noches, y buena suerte» (Good night, and good luck, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: G. Clooney. Guión: G. Heslov, G. Clooney. Int.: D. Strathairn, R. Downey jr., R. Wise, J. Daniels, G. Clooney, P. Clarkson.

He aquí una obra bastante singular, por su factura (mezcla de material de archivo con escenas actuadas), su asunto (el histórico enfrentamiento, en 1953, de un periodista con un senador), y, en particular, su inmediato compromiso político. Por esto último la obra alcanzó buena repercusión en diversos sectores de Estados Unidos y Europa, y se colocó muy bien entre las candidatas al próximo Oscar. Lo que no significa que logre igual repercusión en el público común. Es demasiado contenida, nada emotiva, y requiere el manejo de cierta información previa que acá parece que dan por sabida.

Sabemos, por ejemplo, quién era el senador por Wisconsin Joseph McCarthy, la obsesión que tenía y los modos prepotentes y prejuiciosos con que le arruinó la vida a muchos inocentes. Acá lo vemos en varios registros de archivo. Pero no sabemos quién era el hombre que en uno de esos registros le dice públicamente «basta». Se trata del senador por Arkansas John Little McClellan, que con ese gesto abrió la posibilidad institucional de cortarle las alas a McCarthy. Tampoco se dice quién es el que aparece, como una contradictoria síntesis de la época, hablando de libertad en la última imagen de archivo (respuesta: es el entonces presidente, general Dwight Eisenhower). Etcétera.

Así también al espectador le faltan datos para establecer una relación de causa-consecuencia y apreciar debidamente los diversos sectores en pugna. A juzgar por la película, el mayor héroe de esas jornadas pareciera haber sido un comentarista del momento que decía alguna cosa una vez por semana, Edward R. Murrow. No es por quitarle méritos a Murrow, pero la cosa fue más compleja y no dependió sólo de su programa, como aquí parece. Lo que en cambio puede apreciarse claramente, es lo que vemos reflejado de nuestra historia actual en esa historia, y esto es lo que finalmente importa, y le da trascendencia a la obra.

Así, por ejemplo, vemos a McCarthy esquivando una aclaración mientras pone exactamente la misma cara de tipo sinceramente perplejo por la maldad ajena que pone George Bush en sus conferencias de prensa (esto es material de archivo, no un actor imitando a Bush). Vemos discusiones de periodistas televisivos sobre lo que puede o no puede salir al aire, calibrando presiones de sectores del gobierno, posible pérdida de anunciantes, o problemas para la difusión equidistante de las dos campanas que corresponden a cada caso. Y los vemos también, encerrados en su propia campana. Vemos las presiones de la CBS sobre su personal, las razones por las que un comentarista termina comprando su propio espacio, se suicida, o renuncia. Y el reclamo de Murrow en 1958, por una televisión educativa, «enfrentada a la ignorancia, la intolerancia, y la indiferencia». Etcétera, también en este caso.

En tiempos como éstos, bien vale la pena reconsiderar lo que aquí se plantea. Eso sí, a veces documental reconstruido, a veces teatro de cámara sobre la ética periodística, echando luz sobre algunos temas actuales de ética periodística, derechos civiles, gobiernos manejadores y demás, tal como está hecha «Buenas noches...» en primera instancia sólo convence a los convencidos, y, aunque tenga buena factura, aburre un poco. Un dato para quien prefiera verla después en dvd: en la toma de archivo donde aparece McClellan, justo cerca suyo, muy fugazmente, también aparece Bob Kennedy, bien jovencito. Y dos cuestiones de forma: a las tomas «televisivas» que aquí aparecen les faltan las rayas horizontales propias del período que pretende recordarse, y la tan elogiada fotografía en blanco y negro que dice remitir a los '50, no es la de predominante gris de entonces., sino la de años muy posteriores, procesando película color.

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