Lo que comenzó como una discusión sobre medios de pago terminó convirtiéndose en un nuevo foco de tensión comercial entre Estados Unidos y Brasil. La administración de Donald Trump puso bajo la lupa a PIX, el sistema de pagos instantáneos desarrollado por el Banco Central de Brasil, al considerar que otorga ventajas competitivas al Estado brasileño y perjudica a empresas estadounidenses del negocio de pagos electrónicos.
La disputa ya trascendió el plano financiero. Washington abrió una investigación comercial sobre el funcionamiento de PIX y analiza aplicar un arancel del 25% a determinadas exportaciones brasileñas. Al mismo tiempo, el conflicto se coló en la campaña presidencial de Brasil, donde el presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscará la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro.
El sistema que transformó los pagos en Brasil
Desde su lanzamiento en 2020, PIX revolucionó el sistema financiero brasileño. Permite realizar transferencias y pagos en tiempo real durante las 24 horas del día, los siete días de la semana y sin costo para las personas.
Actualmente es utilizado por cerca del 80% de la población brasileña y concentra alrededor del 54% de todas las transacciones del país, convirtiéndose en el principal medio de pago de la mayor economía de América Latina.
El sistema permitió reducir la utilización de efectivo, facilitó la bancarización de millones de personas y disminuyó los costos para pequeños comercios y trabajadores independientes, que dejaron de pagar las comisiones asociadas a las tarjetas de crédito.
Su éxito es tal que se convirtió en uno de los pocos temas capaces de generar consenso en un país profundamente polarizado: distintas encuestas muestran que más del 90% de los brasileños tiene una imagen positiva de la plataforma.
Qué cuestiona Estados Unidos
La administración Trump sostiene que el Banco Central de Brasil incurre en un conflicto de intereses al desempeñarse simultáneamente como regulador del sistema financiero y administrador de PIX.
Según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), las entidades financieras brasileñas están obligadas a incluir PIX en un lugar destacado dentro de sus aplicaciones y no pueden cobrar comisiones a los usuarios, condiciones que —afirman— colocan en desventaja a competidores privados, especialmente a empresas estadounidenses como Visa, Mastercard e incluso compañías tecnológicas vinculadas a pagos digitales como Apple.
Washington considera que el modelo brasileño constituye una barrera para la competencia y encuadró el caso dentro de una investigación más amplia sobre prácticas comerciales que también incluye cuestionamientos por deforestación ilegal, protección de la propiedad intelectual y piratería. Como resultado de esa investigación, la Casa Blanca analiza imponer un arancel adicional del 25% sobre determinados productos brasileños.
Más que tarjetas de crédito
Para Brasil, detrás de las críticas existe un objetivo más amplio: defender la posición dominante de las compañías estadounidenses en el mercado global de pagos.
El crecimiento de PIX coincidió con una fuerte pérdida de participación de las tarjetas de crédito, cuya incidencia en las operaciones cayó del 23% al 15% desde la creación del sistema. Especialistas sostienen que el modelo brasileño demuestra que es posible construir una infraestructura pública de pagos eficiente, reduciendo la dependencia de redes privadas internacionales.
Además, Brasil advierte que sistemas similares comienzan a expandirse en otros países como India, Kenia, Nigeria y Colombia, un fenómeno que algunos analistas consideran una amenaza para el predominio de las empresas estadounidenses en el negocio global de los medios de pago.
Incluso desde el gobierno brasileño entienden que Washington observa con preocupación el desarrollo de estas plataformas porque, en el largo plazo, podrían disminuir la influencia financiera asociada al dólar en determinados mercados.
Las críticas de EEUU se colaron en la campaña presidencial
Estadao
Flávio Bolsonaro busca bajar la tensión
En medio de la disputa apareció un actor inesperado: Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Según reveló el diario Folha de São Paulo, el legislador presentó un documento ante la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos con una serie de propuestas para evitar una escalada comercial entre ambos países.
En ese informe defendió explícitamente a PIX, al que calificó como un logro del gobierno de su padre, y sostuvo que el sistema no genera conflictos de interés. Incluso lo comparó con FedNow, la plataforma de pagos instantáneos creada por la Reserva Federal de Estados Unidos.
Sin embargo, también propuso una serie de cambios destinados a atender las preocupaciones de Washington. Entre ellos, planteó reducir la carga regulatoria y tributaria sobre las tarjetas de crédito para fortalecer la competencia y ampliar las opciones de los consumidores.
Además, sugirió establecer un compromiso legislativo para impedir que PIX se conecte con sistemas internacionales de pagos provenientes de países considerados "no occidentales", como China, aunque el documento no detalla cómo funcionaría esa restricción.
El senador también pidió a la Casa Blanca postergar la aplicación de los aranceles hasta después de las elecciones, al advertir que una sanción inmediata terminaría fortaleciendo políticamente a Lula.
En paralelo, propuso que Brasil avance en acuerdos comerciales bilaterales con Estados Unidos por fuera del Mercosur, al considerar que las reglas del bloque limitan la capacidad negociadora del país.
Lula responde y convierte el conflicto en una bandera política
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva respondió con dureza a las iniciativas impulsadas por la familia Bolsonaro.
El mandatario calificó de "inaceptable" que dirigentes brasileños promuevan medidas que, a su juicio, subordinan los intereses nacionales a los de Estados Unidos. Además, defendió a PIX como uno de los principales logros tecnológicos del país y aseguró que el sistema "no será abandonado".
Lula también rechazó cualquier posibilidad de flexibilizar el Mercosur para negociar acuerdos comerciales individuales con Washington y calificó como un "acto de traición a la patria" el pedido de postergar los aranceles formulado por Flávio Bolsonaro.