19 de julio 2004 - 00:00
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con pocos aplausos y un sugestivo cartel con la leyenda "Así estamos".
• Importancia
La Policía Federal estimó la concurrencia en unas 15.000 personas. La gente se encolumnó por la calle Pasteur desde el palco levantado en la esquina con Tucumán (a unos pocos metros del reconstruido edificio comunitario) hasta pasada la avenida Corrientes.
El acto de ayer cobró mayor importancia no sólo por cumplirse una década del peor ataque terrorista de la historia argentina, sino también por la inminencia del fallo en la causa por la «conexión argentina», que podría culminar con la liberación de los imputados.
«Escándalo» fue el término elegido por Jaime Salomón, dirigente del interior de la DAIA (la representación política de la comunidad) para describir lo sucedido en esta década; «traición» fue la palabra usada por Abraham Kaúl, presidente de la AMIA, para describir los comportamientos de gobernantes, investigadores y jueces en este período; «culpables y cómplices» fueron los adjetivos que les dedicó Marina (hermana de Cristian Degtiar, que murió en el atentado a los 21 años) a los mismos que Kaúl había calificado de traidores. Marina, -cuya aparente fragilidad física contrastó con la vehemencia de su mensaje- ya había hablado en el 5° aniversario, cuando su discurso giró en torno a la frase «Nos dan asco».
Su discurso -lo mismo que el de Kaúl- fue especialmente duro con el ex presidente Carlos Menem, con el juez Juan José Galeano, con los organismos de inteligencia y seguridad. Sin embargo, hubo correcciones hasta último momento: así, Kaúl agregó en la segunda parte del texto que leyó -en la que rendía homenaje a bomberos, médicos, enfermeras, voluntarios, periodistas y a la comunidad judía internacional- un párrafo para recordar a Itzjak Rabin, ex premier israelí.
Sucede que la noche anterior, en el acto organizado por el grupo Memoria Activa -enfrentado con las instituciones judías formales- un orador había insistido con la vieja teoría de un supuesto acuerdo entre Rabin y Menem para canalizar la sospecha hacia Irán, dejando de lado la «conexión siria». Kaúl lo recordó como el «líder indiscutido del estado de Israel, que envió a rescatistas con la consigna de las Sagradas Escrituras de que salvar una vida es salvar a toda la humanidad».
Otro factor que hizo atemperar algunos conceptos que iban a estar incluidos en los discursos fueron las declaraciones de Cristina Fernández de Kirchner al periódico comunitario «Iton Gadol» («El Gran Diario»); allí la senadora -que formó parte durante años de la insípida Comisión Bicameral establecida para investigar el atentado- afirmó que «la responsabilidad es estrictamente de las instituciones, y no hablo sólo de las del Estado, sino también de las instituciones que representaban a la comunidad judía, que no estuvieron a la altura de las circunstancias». Agregó: «Muchas veces alguien de esa agrupación (sic) religiosa, esa misma etnia (sic) traiciona a los suyos; eso me rebela como ser humano».
Esas declaraciones cayeron muy mal, aun entre los dirigentes comunitarios más cercanos al gobierno y más enfrentados con Beraja, obviamente aludido en la declaración, porque -como dijo Sergio Bursten, uno de los familiares más duros- «Cristina quedó a un tris de atribuirles la bomba a las entidades judías O sea: los dirigentes de esa época cometieron gravísimos errores, pero no pusieron la bomba, y la responsabilidad de investigar es toda del Estado».
• Frase añadida
Así, la presencia de Fernández de Kirchner fue mucho menos conspicua que la de su esposo. Por eso Salomón (DAIA) agregó en las últimas horas a su discurso la frase «es un escándalo cuando desde fuera de la comunidad se quiere convertir a las víctimas en victimarios, atribuyéndoles la responsabilidad por lo sufrido».
El acto, que había comenzado puntualmente a las 9.53 con el sonido de la ya clásica sirena, terminó una hora y media más tarde. Curiosamente, la gente permaneció -a pesar del frío-todavía un largo rato en las inmediaciones del edificio de Pasteur 633, como no resignándose a tener que irse, otro año más, sin el menor atisbo de esclarecimiento del atentado.




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