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3 de agosto 2007 - 00:00

Hazaña rusa disfraza interés por petróleo y gas en el Polo

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La expedición rusa utilizó dos batiscafos para descender hasta el fondo marino en el Polo Norte. Permanecieron 8 horas sumergidos y colocaron una bandera de platino.
Moscú (ANSA, AFP, ANSA) -Una expedición científica rusa realizó ayer con éxito la primera inmersión en la historia hasta el fondo marino del Polo Norte, en cuyo lecho colocó una bandera, con el fin de hacer una reivindicación simbólica del Artico pero que en realidad tiene como objetivo reclamar importantes yacimientos petrolíferos.

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Dos batiscafos, el Mir-1 y el Mir-2, de la expedición rusa tocaron fondo bajo el polo geográfico ártico a 4.261 metros de profundidad el primero, y a 4.302 el segundo.

«Fue difícil», dijo el diputado Artur Cilingarov, vicepresidente de la Duma (Cámara baja del Parlamento ruso) y veterano de expediciones árticas, quien fue el primero en salir del interior del Mir-1 tras su regreso a la superficie.

«Es muy bello allí abajo. Cuando dentro de cien o mil años algunos desciendan hasta el mismo punto, verán nuestra bandera rusa», agregó Cilingarov.

Se trató de la primera exploración del fondo ártico en la historia, y se llevó a cabo no sólo por motivos científicos.

El objetivo de Rusia es acumular pruebas para reivindicar una extensión de su plataforma continental y obtener así los derechos de aprovechamiento sobre casi 1,2 millón de kilómetros cuadrados de la capa de hielo flotante polar, presumiblemente rica en hidrocarburos ( petróleo y gas).

A través de estudios científicos, Rusia quiere demostrar que comparte la plataforma con el Polo Norte.

De acuerdo con la ley internacional, cinco estados con territorio en el Círculo Polar Artico (Estados Unidos, Canadá, Noruega, Rusia y Dinamarca), tienen una zona económica de 320 kilómetros sobre las costas del norte.

En ese sentido, Canadá ironizó sobre la expedición rusa al Polo Norte considerando que se trataba de una táctica más adaptada al siglo XV que a la época actual, considerándolo un «espectáculo» que no da lugar a eventuales reivindicaciones territoriales.

«Ya no estamos en el siglo XV. No se puede ir a cualquier lugar del mundo, plantar banderas y decir que se reivindica ese territorio», declaró el jefe de la diplomacia canadiense Peter MacKay.

«Nuestras reivindicaciones sobre el Artico están muy bien establecidas», añadió el ministro canadiense, subrayando que su país es, al igual que Rusia, firmante de la convención de Naciones Unidas sobre el derecho del mar.

«No hay amenaza contra la soberanía canadiense en el Artico», añadió MacKay, destacando que su país «no está preocupado por lo que es básicamente un espectáculo por parte de Rusia».

Según Moscú, el lecho marino del Artico y Siberia están unidos por la misma plataforma continental, por lo que reclama una extensión mayor que llegue hasta el Polo Norte.

Rusia argumenta que la denominada cordillera submarina Lomonosov, cadena que se eleva 3.700 metros sobre el fondo del mar, es continuación de la plataforma continental de Siberia y del continente euroasiático. Parte de la expedición científica rusa fue además financiadapor la curiosidad turística de un millonario sueco, Frederik Polten, quien pagó tres millones de dólares por un lugar en el batiscafo.

Es la primera vez que una expedición alcanza el lecho marino. Expediciones anteriores, con submarinos nucleares soviéticas y estadounidenses, lograron viajar bajo la capa de hielo polar, pero ninguna hasta los 4.000 metros de profundidad.

Vladimir Strugatsky, vicepresidente de la asociación de exploración rusa, aclaró a medios rusos que la bandera plantada en el lecho marino, a 4.261 metros de profundidad, es de titanio inoxidable.

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