Su amor por la literatura y las artes, su pasión por promover la cultura, el trabajo que llevó adelante en la emblemática revista Sur, junto con una personalidad fuerte e ideales avanzados y trasgresores a su época, convirtieron a Victoria Ocampo en una de las mujeres más notables del siglo XX en nuestros país.
Ocampo fue una adelantada a sus tiempos. Gracias a su intelecto y personalidad vanguardista, destacó en sus labores como periodista, escritora y miembro emblemático de la cultura, permitiendo tender un puente cultural entre América y Europa al concretar un proyecto de difusión literaria
Su compromiso también era hacia con las mujeres. Desafió los límites que habían en esos años, logrando reivindicar el género femenino, aún cuando todavía no existía ese término.
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¿Quién fue Victoria Ocampo?
Nació el 7 de abril de 1890 en el núcleo de una familia aristocrática argentina, sus padres fueron Manuel Ocampo y Ramona Aguirre. El matrimonio tuvo cinco hijas más, la menor fue Silvina, con quien tuvo un vínculo especial. Las hermanas fueron educadas en su hogar de San Isidro con institutrices que les enseñaron, entre otras cosas, idiomas como francés e inglés.
A su corta edad, se transformó en una voraz lectora de autores como Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Julio Verne y Edgar Allan Poe. En varias ocasiones manifestó su voluntad de estudiar teatro y convertirse en actriz, lo cual fue prohibido por su padre.
Con respecto a su vida personal, en 1912 se casó con Luis “Mónaco” Estrada. El joven pertenecía a una familia tradicional y tras su matrimonio, el viaje de luna de miel, Victoria no solo se decepcionó, sino que se enamoró de Julián Martínez, un primo de su marido, quien sería su amante durante casi trece años. En 1920 tomó la decisión de ser una mujer libre y separarse.
Ese mismo año, se publicó su primer artículo en La Nación sobre "La divina comedia", de Dante Alighieri, titulado Babel. Luego publicaría sus primeros libros: De Francesa a Beatrice (1924) en Revista de Occidente y La laguna de los nenúfares (1926). En 1933, Victoria creó la Editorial Sur para concretar su proyecto de difusión literaria y, así, publicar novedades de autores no solo nacionales, sino también extranjeros, fundando la revista literaria más importante que tuvo el país. Estuvo en el centro del escenario cultural, aunque nunca se consideró escritora y también dudaba en llamarse periodista.
En 1958, fue nombrada como parte del Directorio del Fondo Nacional de las Artes (FNA), cargo al que renunciaría en 1973. En 1962 creó la Fundación Sur con el objetivo de "promover actividades educativas, culturales y artísticas que tiendan al esclarecimiento y a la elevación espiritual a través de la difusión de las obras o ideas que resulten aptas para tal fin”. Fue la única mujer designada como miembro de la Academia Argentina de Letras en 1977.
Es considerada una mujer adelantada a su época que dedicó su vida y dinero a fomentar la cultura, invitando escritores y publicando sus libros en nuestro país. Siempre mostró un gran interés por el papel que ocupaban las mujeres en el campo profesional y artístico.
Incursionó también en la producción, actividad que inició con la película Tararira, dirigida por el poeta rumano Benjamin Fondant. Esta película fue un ejemplo de integración cultural.
Con sus anteojos de marco blanco e imagen con atuendos icónicos, fue una mujer que conquistó lugares reservados a los varones en aspectos tan diversos como manejar un auto (convirtiéndose en la primera en obtener un registro de conducir en Argentina), expresar opiniones rotundas sobre aspectos de discusión pública y construir una casa adelantada a su época que muchos consideraron un mamarracho.
Murió a los 88 años, un día como hoy, en 1979 a causa de un cáncer de laringe que venía transitando desde hacía años. Tal como ella lo deseo, su histórica casa Villa Ocampo pertenece a la UNESCO y es patrimonio de la humanidad.
Desafiar los límites de su tiempo
En una época donde alternaban gobiernos democráticos y de facto, Victoria se impuso como una figura que dió de hablar. Su decisión de intervenir en el espacio público, la volvió objeto de discusión. Participó en debates, se ganó enemistades y fue atacada no solo por sus opiniones, sino también por el estilo de sus intervenciones culturales.
A lo largo de su vida, participó en diversas agrupaciones feministas, difundido la obra y promovió la lectura de escritoras feministas como Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Susan Sontag. Su concepto de feminismo incluye las acciones feministas y su prédica asociada a la defensa de la emancipación de la mujeres a través de la educación.
A lo largo de su vida, intentó siempre abrir espacios hasta entonces vedados para las mujeres. En los años 30, defendió los derechos cívicos para el género femenino. El 14 de septiembre de 1926 se sancionó en nuestro país la Ley 11.357 sobre los derechos civiles de la mujer que reconoce a todas las mujeres mayores de edad el ejercicio de sus derechos y funciones civiles; pero, 10 años después, durante la presidencia de Agustín Pedro Justo, se propuso cambiar el Código Civil y derogar esta norma.
Ante esa amenaza Victoria fundó la Unión Argentina de Mujeres, donde lideró una campaña contra esta reforma. Participó en reuniones callejeras y escribió algunos folletos acerca de los derechos y las responsabilidades de las mujeres.
También le brindó su apoyo a España frente al avance de los fascistas encabezados por Franco, y fue la única periodista iberoamericana que presenció los juicios de Nuremberg, donde se juzgó a los dirigentes del régimen de Adolf Hitler en los diferentes abusos y crímenes contra la humanidad.
En 1953, a sus 63 años, se opuso al gobierno de Juan Domingo Perón y, eso, le costó 26 días en la cárcel. Victoria atendió a la comisión policial desde su casa en Mar del Plata y cuando preguntó porqué se la llevaban, el comisario respondió: "No lo sé. Yo sólo recibo órdenes".
Más tarde, ya trasladada a la Comisaría de Orden Político en Buenos Aires, se enteró de que era señalada como instigadora del atentado del 15 de abril, cuando un grupo antiperonista detonó dos bombas en la Plaza de Mayo durante un acto de la CGT mientras Perón pronunciaba un discurso: matando a seis personas e hiriendo a noventa. Estuvo presa en el Buen Pastor de San Telmo, y durante este tiempo, personalidades de todo el mundo pidieron su liberación.
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