Este diario accedió a dos radiogramas secretos cursados entre las naves que formaban el pelotón con el crucero General Belgrano. En ellas se describe el rol de combate de cada cual en una misión ofensiva en zona de guerra.
El 2 de mayo de 1982 a las 16.01, el viejo crucero de origen estadounidense que había salido ileso del ataque a Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial, fue herido de muerte por dos torpedos lanzados por el submarino británico HMS Conqueror y desapareció minutos después en las aguas del Atlántico Sur. Inmediatamente después del hundimiento se organizó una de las mayores operaciones de búsqueda y rescate de náufragos en el conflicto; participaron los mismos destructores escolta del crucero con el riesgo de ser también torpedeados por el Conqueror.
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A 22 años de la guerra y de ese hecho que conmocionó la sociedad, murieron 323 marinos sobre una dotación de 1.093, se conoce por primera vez el dato secreto que confirma que el Belgrano y sus dos destructores escolta: el Piedrabuena, cuyo comandante era el capitán de fragata Horacio Grassi y el Bouchard, a cargo del capitánWashington Bárcena, tenían una misión ofensiva contra unidades de la flota británica que se desplazaban al sudeste de Malvinas.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el hundimiento del Belgrano, hasta se abrieron causas en la Justicia acusando a Margaret Thatcher de crimen de guerra por ordenar el ataque al Belgrano fuera de la zona de exclusión, se dijo, con el propósito de neutralizar una tregua y negociación que había sugerido el presidente peruano Fernando Belaúnde Terry. Sin embargo, los tres navíos estuvieron dentro de la zona con una misión de combate: atacar a buques británicos, así lo demuestra el mensaje naval secreto que se reproduce. Luego, por las condiciones meteorológicas adversas se abortó la maniobra que era parte de una operación mayor con lanzamiento de aeronaves del portaaviones 25 de Mayo, ubicado al noroeste de las islas.
La conjetura más cercana a la realidad es que la inteligencia británica -con la colaboración de Chile y de los satélites de EE.UU.- estuvo enterada de las intenciones y se ordenó torpedear al crucero -el buque capital-, obvio, cuando la situación era más favorable para el Conqueror.
Que los británicos contaban con la ayuda de los chilenos quedó demostrado entre otros episodios por la incursión de un helicóptero inglés que fue detectado el 18 de mayo a las 04.15 por el Piedrabuena, sobrevolando la costa argentina cerca de Río Grande y que días después apareció incendiado en proximidades de Punta Arenas. Los documentos secretos a los que este diario tuvo acceso son dos mensajes navales cursados al crucero Belgrano y a los destructores Piedrabuena y Bouchard. El primero muestra que el CFT 79 (abreviatura de Comandante de la Fuerza de Tareas 79, el contraalmirante Gualte rAllara) ordena al CGT 79 (abreviatura de Comandante de Grupo de Tareas 79, el capitán de navío Elías Bonzo, comandante del crucero) lo siguiente: «Efectos materializar amenaza y medir reacción cumplir siguiente derrota (se dan posiciones geográficas según un código específico para la Zona de Exclusión). Permanecer mínimo tiempo necesario Area de Exclusión adoptando medidas antisubmarinas posibles, finalizada tarea informar resultados». El mensaje del almirante Allara fue recibido por los tres buques el 29 de abril de 1982 a las 15.30; esa noche y la siguiente los tres comandantes de los navíos mantuvieron reuniones en el crucero y planificaron el ingreso y egreso de la zona de exclusión.
El segundo mensaje secreto es la orden impartida por el capitán Bonzo a los comandantes de los destructores escolta citándolos a bordo el 1 de mayo a las 10.00 para planificar acerca de: 1) Opinión sobre utilización sonar (modos de operación) dentro deArea Exclusión. 2) Medidas en caso de obtener contacto hidrofónico (en la jerga naval, detección de un submarino). 3) Utilización armas en caso contacto.
Este último mensaje revela que los marinos conocían que en la zona operaba al menos un submarino. Pero según el testimonio de un veterano oficial que cubrió el rol de guerra anti-submarina, las condiciones de temperatura del agua (muy fría) hacían prácticamente imposible la detección temprana de un sumergible. Otro veterano marino que pidió reserva de identidad, dijo que a pesar de la presencia del submarino en la zona, luego del ataque al Belgrano, los dos escoltas regresaron a máxima velocidad con todas sus luces encendidas en búsqueda de los náufragos.
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